Evangelio del día 18 abril 2026 (Jesús se acercó caminando sobre el mar)

Sábado de la 2ª Semana de Pascua

EVANGELIO (Juan 6, 16-21)

El oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.

«Soy yo, no temáis».

Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy nos presenta una escena insólita. Los discípulos se hallan de noche en una barca, con el lago encrespado. Entonces ven a Jesús caminando sobre el agua. Se asustan, pero él les invita a la calma. Rápidamente, la barca toca tierra. Sin él, miedo, ambiente encrespado. Con él, serenidad y seguridad.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Juan, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, el evangelio de hoy dibuja a los discípulos en una travesía durante la noche. Dice el texto: “Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado, y el lago se iba encrespando”. Ya he resaltado en otras ocasiones que cuando san Juan Evangelista habla de noche, se refiere a la ausencia o lejanía de Jesús. Pero, además, hoy expresamente dice: “Jesús no los había alcanzado”. Tú también te hallas a menudo navegando en noche cerrada, traspasado por el día a día: estrés, esfuerzo, exigencias. Y, también, en la noche cerrada de los sufrimientos: la tristeza, la soledad o las pruebas. El lago de tu vida parece entonces encresparse. Tu existencia transcurre en oscuridad.

¿Será que Dios está ausente, que Jesús no te alcanza? ¿Acabará todo en un naufragio? La respuesta es rotunda: no.

En segundo lugar, tras lo dicho, quiero que te fijes en Jesús. Su presencia no es arrolladora, sino sutil: camina sobre las aguas. Los discípulos, sin embargo, se llenan de temor. Jesús, en tu vida, y particularmente en tus noches, en tus dificultades, se hace presente de la misma manera. No se impone a la fuerza ni tampoco de modo espectacular. Está a tu lado de modo delicado, respetuoso, sutil, pero incondicional, caminando sobre las aguas de tu vida. Y no es un fantasma. Lo dice el Señor: “Soy yo”, o mejor dicho, “Yo soy”.  Unas palabras idénticas a aquellas que Yaveh dijo a Moisés en la zarza ardiente: “Yo soy”. Por tanto, él es el Resucitado, lleno de poder, el Hijo de Dios vivo, que no te abandona jamás en el día a día y menos aún en tus cansancios, en tus sufrimientos.

¿Sientes su presencia real en tu vida?

En tercer lugar, y creo que esto es lo más importante, quiero que centres la mirada en las palabras que Jesús dirige a los discípulos en medio del cansancio, de la noche,  de ese lago encrespado: “Soy yo, no temáis”. Jesús siempre nos anima, es decir, nos llena de vida, nos libera de la incertidumbre y del miedo. El texto dice, además, que, en cuanto vieron a Jesús y recibieron sus palabras, “la barca tocó tierra enseguida”. Efectivamente, si reconoces a Jesús en tu vida, si te dejas guiar por él, animar y confortar por su presencia y sus palabras, tocarás tierra enseguida, hallarás fortaleza, seguridad, suelo bajo tus pies. Ni la noche más cerrada ni el tiempo más contrario te harán naufragar; ni sucumbirás a los miedos, porque con él navegas sereno; y tus cansancios se harán más llevaderos. Él es el mejor aliado en los sufrimientos y las pruebas de este mar de la vida, tantas veces tempestuoso.

¿Reconoces a Jesús caminando sobre las aguas de tu vida, le confiesas como tu Señor, le pides su ayuda y escuchas sus palabras? ¿Sientes que Jesús trae a tu vida fortaleza en la dificultad y paz en las pruebas, que él te dice hoy: “No temas, soy yo”?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve a experimentar la presencia del Señor en tu vida, no como un fantasma, sino como ese Jesús vivo que quiere encontrarse contigo, le dejes entrar en tu ser y sientas así su paz y su calma.

ORACIÓN

Señor Jesús, abre mis ojos, de modo que te reconozca especialmente en medio de las pruebas, en que mi corazón tiembla y me cuesta confiar en ti. ¡Necesito tanto de tu presencia! Aumenta mi fe, calma los vientos que me hacen tambalear y trae a mi corazón seguridad y paz.

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