San Mateo

A continuación puedes encontrar el ‘Evangelio y Reflexión’ que, hasta el momento, hay disponibles del Evangelio de Mateo. Haz clic sobre la cita para ir al vídeo con el texto del evangelio y la reflexión correspondiente.

CAPÍTULO 1

  • Mateo 1, 1-17
    «…y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce»

  • Mateo 1, 1-16.18-23
    (8 de septiembre – Natividad de la Virgen María)
    «La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: ‘Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros’».

  • Mateo 1, 18-24
    «La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado»

  • Mateo 1, 16.18-21.24a
    (19 de marzo – San José)
    «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto»

CAPÍTULO 2

  • Mateo 2, 1-12
    (6 de enero – Epifanía del Señor)
    «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho»

  • Mateo 2, 13-18
    (28 de diciembre – Santos Inocentes)
    «El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo’»

  • Mateo 2, 13-15.19-23
    (Domingo de la Octava de Navidad – Sagrada Familia, Ciclo A)
    «José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: ‘De Egipto llamé a mi hijo’»

CAPÍTULO 3

  • Mateo 3, 13-17
    «Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: ‘Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?’. Jesús le contestó: ‘Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia’»

CAPÍTULO 4

  • Mateo 4, 1-11
    «Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes’»

  • Mateo 4, 12-23
    «Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: ‘Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron’»

  • Mateo 4, 12-17.23-25
    «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: ‘Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos’»

  • Mateo 4, 18-22
    (30 de noviembre – San Andrés, apóstol)
    «Paseando junto al mar de Galilea, vio Jesús a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: ‘Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres’».

CAPÍTULO 5

  • Mateo 5, 1-12
    «Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos…»

  • Mateo 5, 1-12
    (1 de noviembre: Todos los Santos, solemnidad)
    «Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos…»

  • Mateo 5, 13-16
    «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? Vosotros sois la luz del mundo. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos»

  • Mateo 5, 13-19
    (1 de agosto – San Alfonso Mª de Ligorio)
    «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres»

  • Mateo 5, 17-37
    «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley»

  • Mateo 5, 17-19
    «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley»

  • Mateo 5, 20-26
    «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano»

  • Mateo 5, 27-32
    «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala»

  • Mateo 5, 33-37
    «Habéis oído que se dijo a los antiguos: ‘No jurarás en falso’ y ‘Cumplirás tus juramentos al Señor’. Pero yo os digo que no juréis en absoluto. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no»

  • Mateo 5, 38-48
    «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pero yo os digo: si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra. Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen»

  • Mateo 5, 38-42
    «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra…»

  • Mateo 5, 43-48
    «Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto»

CAPÍTULO 6

  • Mateo 6, 1-6.16-18
    «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará»

  • Mateo 6, 1-6.16-18
    (Miércoles de Ceniza)
    «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna…»

  • Mateo 6, 7-15
    «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así: ‘Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre’»

CAPÍTULO 7

  • Mateo 7, 1-5
    «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?»

  • Mateo 7, 6.12-14
    «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos. Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas. Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición»

  • Mateo 7, 7-12
    «Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!»

  • Mateo 7, 7-11
    (5 de octubre – Témporas de Acción de Gracias)
    «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá. Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!»

  • Mateo 7, 21-29
    «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca»

CAPÍTULO 8

  • Mateo 8, 1-4
    «Se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: ‘Señor, si quieres, puedes limpiarme’. Extendió la mano y lo tocó diciendo: ‘Quiero, queda limpio’. Y enseguida quedó limpio de la lepra»

  • Mateo 8, 5-11
    «Un centurión se le acercó rogándole: ‘Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho’. Le contestó: ‘Voy yo a curarlo’. Pero el centurión le replicó: ‘Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo’»

  • Mateo 8, 23-27
    «Se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole: ‘¡Señor, sálvanos, que perecemos!’. Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma»

  • Mateo 8, 28-34
    «Llegó Jesús a la región de los gadarenos. Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: ‘¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios?’».

CAPÍTULO 9

  • Mateo 9, 1-8
    «Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ‘¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados. Para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa’».

  • Mateo 9, 9-13
    San Mateo, apóstol y evangelista (21 de septiembre): «Vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’»

  • Mateo 9, 14-15
    «Los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?’»

  • Mateo 9, 14-17
    «Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: ‘¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?’. Jesús les dijo: ‘¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? El vino nuevo se echa en odres nuevos’».

  • Mateo 9, 18-26
    «Se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: ‘Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá’. Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto»

  • Mateo 9, 27-31
    «Dos ciegos seguían a Jesús gritando: ‘Ten compasión de nosotros, hijo de David’. Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: ‘¿Creéis que puedo hacerlo?’. Contestaron: ‘Sí, Señor’. Entonces les tocó los ojos, diciendo: ‘Que os suceda conforme a vuestra fe’»

  • Mateo 9, 32-38
    «Llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: ‘Nunca se ha visto en Israel cosa igual’. En cambio, los fariseos decían: ‘Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios»’. Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia»

  • Mateo 9, 35 – 10, 1.6-8
    «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, ‘como ovejas que no tienen pastor’. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies’»

CAPÍTULO 10

  • Mateo 9, 35 – 10, 1.6-8
    «Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, ‘como ovejas que no tienen pastor’. Entonces dice a sus discípulos: ‘La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies’»

  • Mateo 10, 1-7
    «Llamó Jesús a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Los envió Jesús con estas instrucciones: ‘Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos’»

  • Mateo 10, 7-15
    «Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis. No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón. Al entrar en una casa, saludadla con la paz»

  • Mateo 10, 16-23
    «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos. El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. El que persevere hasta el final, se salvará»

  • Mateo 10, 17-22
    (26 de diciembre – San Esteban, protomártir)
    «Os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir…»

  • Mateo 10, 26-33
    «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. No tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre»

  • Mateo 10, 34 – 11, 1
    «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa»

  • Mateo 10, 37-42
    «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí»

CAPÍTULO 11

  • Mateo 10, 34 – 11, 1
    «No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa»

  • Mateo 11, 2-11
    «Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: ‘¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?’. Jesús les respondió: ‘Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados’»

  • Mateo 11, 11-15
    «En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él»

  • Mateo 11, 16-19
    «¿A quién compararé esta generación? Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo: ‘Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado’. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Tiene un demonio’. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Ahí tenéis a un comilón y borracho’»

  • Mateo 11, 20-24
    «Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo»

  • Mateo 11, 25-27
    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar»

  • Mateo 11, 25-30
    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera»

  • Mateo 11, 25-30
    (Sagrado Corazón de Jesús)
    «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón»

  • Mateo 11, 25-30
    (15 de octubre – Santa Teresa de Jesús)
    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños».

  • Mateo 11, 25-30
    (2 de noviembre – Fieles Difuntos)
    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños».

  • Mateo 11, 28-30
    «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera»

CAPÍTULO 12

  • Mateo 12, 1-8
    «Atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: ‘Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado’. Les replicó: «Aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa ‘quiero misericordia y no sacrificio’, no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado’»

  • Mateo 12, 14-21
    «Los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: ‘Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará’»

  • Mateo 12, 38-42
    «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. La reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón»

  • Mateo 12, 46-50
    «Su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: ‘Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo’. Pero él contestó al que le avisaba: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre’»

  • Mateo 12, 46-50
    (16 de julio – Ntra. Sra. del Carmen)
    «’¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?’. Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ‘Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre’».

CAPÍTULO 13

  • Mateo 13, 1-23
    «’Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron…’. Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: ‘¿Por qué les hablas en parábolas?’. Él les contestó: ‘A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos. Bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen’»

  • Mateo 13, 18-23
    «Oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón… Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno»

  • Mateo 13, 24-43
    «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas. Se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta»

  • Mateo 13, 31-35
    «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas. El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta»

  • Mateo 13, 36-43
    «Los discípulos se le acercaron a decirle: ‘Explícanos la parábola de la cizaña en el campo’. Él les contestó: ‘El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles’»

  • Mateo 13, 44-52
    «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo. Se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces. Un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo»

  • Mateo 13, 47-53
    «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo»

CAPÍTULO 14

  • Mateo 14, 13-21
    «Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras»

  • Mateo 14, 22-36
    «Se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ‘¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ‘¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?’»

  • Mateo 14, 22-33
    «Se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ‘¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!’. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse»

CAPÍTULO 15

  • Mateo 15, 1-2.10-14
    «Se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: ‘¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?’. Llamando a la gente, les dijo Jesús: ‘Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre’. ‘Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo’»

  • Mateo 15, 21-28
    «En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo’. Él le contestó: ‘No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos’»

  • Mateo 15, 29-37
    «Jesús les dijo: ‘¿Cuántos panes tenéis?’. Ellos contestaron: ‘Siete y algunos peces’. Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos»

CAPÍTULO 16

  • Mateo 16, 13-20
    «Jesús preguntó a sus discípulos: ‘¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?’. Ellos contestaron: ‘Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas’. Él les preguntó: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo’. Jesús le respondió: ‘Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’»

  • Mateo 16, 13-19
    (22 de febrero – Cátedra de San Pedro)
    «Yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos»

  • Mateo 16, 13-19
    (29 de junio – Santos Pedro y Pablo)
    «Jesús les preguntó: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo’. Jesús le respondió: ‘Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’»

  • Mateo 16, 21-27
    «Comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ‘¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte’. Jesús se volvió y dijo a Pedro: ‘¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios’»

  • Mateo 16, 24-28
    «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?»

CAPÍTULO 17

  • Mateo 17, 1-9
    «Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz»

  • Mateo 17, 1-9
    (6 de agosto – Transfiguración del Señor, Ciclo A)
    «Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volviranseron blancos como la luz. De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él»

  • Mateo 17, 10-13
    «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos»

  • Mateo 17, 14-19
    «Se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas, le dijo: ‘Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos y no han sido capaces de curarlo’. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: ‘¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?’. Les contestó: ‘Por vuestra poca fe. En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: Trasládate desde ahí hasta aquí, y se trasladaría. Nada os sería imposible’»

CAPÍTULO 18

  • Mateo 18, 1-5.10.12-14
    «Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida?»

  • Mateo 18, 1-5
    (31 de enero – San Juan Bosco)
    «Se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ‘¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?’. Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: ‘En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos’»

  • Mateo 18, 1-5.10
    (2 de octubre – Santos Ángeles Custodios)
    «Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial»

  • Mateo 18, 12-14
    «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado»

  • Mateo 18, 15-20
    «Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos. Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»

  • Mateo 18, 21-35
    «Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: ‘Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?’. Jesús le contesta: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados…»

  • Mateo 18, 21 – 19, 1
    «Se acercó Pedro a Jesús y le preguntó: ‘Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?’. Jesús le contesta: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos…’»

CAPÍTULO 19

  • Mateo 19, 3-12
    «’¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne’? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre’. Yo os digo que, si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio»

  • Mateo 19, 16-22
    «Se acercó uno a Jesús y le preguntó: ‘Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?’. Jesús le contestó: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’. El joven le dijo: ‘Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?’. Jesús le contestó: ‘Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego ven y sígueme’. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico»

  • Mateo 19, 23-30
    «En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros»

  • Mateo 19, 27-29
    (11 de julio – San Benito, patrón de Europa)
    «Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna»

CAPÍTULO 20

  • Mateo 20, 1-16
    «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido’»

  • Mateo 20, 17-28
    «Se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: ‘¿Qué deseas?’. Ella contestó: ‘Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda’»

  • Mateo 20, 20-28
    (25 de julio – Santiago apóstol, patrono de España)
    «Se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición: ‘Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda’. Pero Jesús replicó: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?’. Contestaron: ‘Podemos’. Él les dijo: ‘Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre’»

CAPÍTULO 21

  • Mateo 21, 1-11
    (Domingo de Ramos)
    «La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ‘¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!’»

  • Mateo 21, 23-27
    «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?»

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  • Mateo 21, 28-32
    «Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: ‘Hijo, ve hoy a trabajar en la viña’. Él le contestó: ‘No quiero’. Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: ‘Voy, señor’. Pero no fue. ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre? Contestaron: ‘El primero’. Jesús les dijo: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios»

  • Mateo 21, 33-43
    «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían…Y Jesús les dice: ‘¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular?’»

CAPÍTULO 22

  • Mateo 22, 1-14
    «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir: ‘La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda’. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?’»

  • Mateo 22, 15-21
    «Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: ‘Dinos qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?’. Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús, les preguntó: ‘¿De quién son esta imagen y esta inscripción?’. Le respondieron: ‘Del César’. Entonces les replicó: ‘Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’»

  • Mateo 22, 34-40
    «Un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’. Él le dijo: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas’»

CAPÍTULO 23

  • Mateo 23, 1-12
    «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar»

  • Mateo 23, 13-22
    «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! ¡Ay de vosotros, guías ciegos!»

  • Mateo 23, 23-26
    «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!».

  • Mateo 23, 27-32
    «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas’!».

CAPÍTULO 24

  • Mateo 24, 37-44
    «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos. Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»

  • Mateo 24, 42-51
    «Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así».

CAPÍTULO 25

  • Mateo 25, 1-13
    «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: ‘¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!’».

  • Mateo 25, 31-46
    «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda»

CAPÍTULO 26

  • Mateo 26, 14-25
    (Miércoles Santo)
    «Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ‘¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?’. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo»

CAPÍTULO 28

  • Mateo 28, 8-15
    «Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán»

 

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