Evangelio del día 4 mayo 2026 (Vendremos a él y haremos morada en él)

Lunes de la 5ª Semana de Pascua

EVANGELIO (Juan 14, 21-26)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?».

«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él».

Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

En el evangelio de hoy, Jesús continúa su discurso de despedida. Aunque él se marcha, tras su pasión y muerte vivirá en sus discípulos, en aquellos que guardan su Palabra.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Juan, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, llama la atención que uno de los discípulos de Jesús, Judas Tadeo, no el traidor, le diga: “¿Qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?”. Es una especie de queja: ¡Manifiéstate al mundo!”. Judas espera que Jesús se manifieste resucitado lleno de poder, de triunfo, de sensacionalismo. Pero Jesús, aun lleno de gloria, seguirá sorprendiéndoles: El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él. Es decir, Jesús no se manifiesta portentosamente, sino en aquellos que guardan sus palabras. Él no quiere manifestarse triunfalmente sino en la intimidad, en aquellos que escuchan y cumplen su Palabra en el amor. Y esos mandamientos a los que alude no son prescripciones o normas morales, sino comunión con Jesús. Es decir, Jesús se manifiesta en aquellos que viven en él, en aquellos que viven con él y como él. Y lo hace constituyendo toda una comunidad de amor, formada por el creyente, el Padre y el Hijo en ese Espíritu de amor. 

¿Vives tu vida en una comunión de amor con Dios Padre, con Jesucristo? ¿Sientes cómo se hace presente en ti cuando actúas como él?

En segundo lugar, dice Jesús: “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. Repito de nuevo estas preciosas palabras: “Vendremos a él y haremos morada en él«. Si en otro tiempo el pueblo de Israel adoraba a Dios en una morada, en esa tienda del encuentro, como nos dice el libro del Éxodo, y después en el templo de Jerusalén, concretamente en ese Sancta Sanctorum (el Santo de los Santos), ahora, en este nuevo éxodo inaugurado por Jesús, por su Pascua, él mora, el habita en ti. Créetelo: tú eres morada de Dios. Una presencia que no es ya esporádica o puntual como en las apariciones del resucitado, sino una presencia continua y trinitaria, porque te habitan el Padre, el Hijo y el Espíritu. Si el Padre habita en Jesús, ahora él también habita en ti. Lo dice san Pablo con toda claridad en su primera carta a los Corintios: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? El templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros”. Y, como ya he anticipado, tanto más habitará Dios en ti cuanto más cumplas su Palabra, es decir, cuanto más vivas con él (en la oración, en la eucaristía, en la Iglesia) y cuanto más actúes como él (es decir, en entrega, en servicio, en amor).

Medita: ¿eres consciente de que tú eres templo, morada de Dios? ¿Los que te rodean atisban algo de Dios en ti?

En tercer lugar, dice Jesús: “El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”. Igual que Jesús, el Hijo, fue enviado por el Padre para realizar su obra, ahora el Espíritu Santo es enviado en nombre de Cristo para completar su revelación a la Iglesia. Es decir, la misión del Espíritu es recordarte y enseñarte todo cuanto enseñó Jesús. Ese Espíritu es, por tanto, el Espíritu de Jesús, que va a permanecer continuamente junto a ti como una presencia envolvente. Por eso dirá Jesús: «No os dejaré huérfanos, os daré el Espíritu Santo. Cristo habita en ti a través de su Santo Espíritu. 

Pregúntate: ¿oras al Espíritu Santo? ¿Lo tienes presente? ¿Sientes la acción del Espíritu en ti? ¿Te dejas mover y transformar por él?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve, no solo a leer y meditar la Palabra, sino a hacerla vida, en fraternidad, en entrega, en solidaridad, en servicio; en definitiva, a dejarte guiar por el Espíritu de Cristo Resucitado.

ORACIÓN

Señor Jesús, dame tu Santo Espíritu. Que mi vida no esté guiada por un espíritu de egoísmo, de tibieza, de desesperanza, sino por tu Santo Espíritu Paráclito, que me hace entender y vivir tu Palabra y que transforma mi vida y la de mis hermanos.

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