
Evangelio del día 25 noviembre 2025 (Muchos dirán: ‘Yo soy’. No vayáis tras ellos)
Martes de la 34ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Lucas 21, 5-11)
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
«Muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos».
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy, con un marcado acento apocalíptico, propio de esta última semana del año litúrgico, inicia el llamado “discurso escatológico de Jesús”, que se refiere a las cosas futuras, muy vinculadas al final de los tiempos. Este dramatismo, que a otros podría inducir al temor, a los creyentes nos suscita esperanza. Nos dice Jesús: “Aunque oigáis noticias de guerras y revoluciones, no tengáis pánico”. No hay lugar para el miedo, tampoco para la desesperanza.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, el evangelio de hoy nos presenta a Jesús hablando en el templo de Jerusalén. Un templo que era el orgullo de todo israelita, presencia de Dios en medio de su pueblo. Una obra arquitectónica admirable y, además, ricamente adornado; su belleza era imponente. Pues en ese mismo lugar anuncia Jesús la ruina del templo: “Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra”. El mundo, tu mundo, incluso aquello que te parece más consistente, tendrá un fin. Únicamente lo que es de Dios, el amor que viene de él, no tendrá fin.
¿Eres consciente de la condición caduca de todo lo que te rodea o estás embelesado con mil cosas efímeras? ¿Tienes puesto el corazón en cosas que pueden perderse? ¿O tu corazón está en las manos de Dios, el único verdaderamente eterno?
En segundo lugar, en el texto que hemos escuchado, Jesús advierte sobre los falsos profetas. Dice: “Que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: ‘Yo soy’, o bien: ‘Está llegando el tiempo’; no vayáis tras ellos”. La comunidad cristiana de esos primeros años se sentía ciertamente amenazada por los falsos profetas, que se atribuían el poder de Jesús, siendo impostores. Hoy, como entonces, nuestro mundo y nuestra Iglesia están necesitados de verdaderos profetas, testigos de la Buena Noticia de Jesús, de su verdad, de su amor y de su gracia, dispuestos a darlo todo por él, aun en medio de persecuciones e incomprensiones. Los profetas no caen del cielo. Es más, tú eres un profeta. Por el bautismo eres sacerdote, profeta y rey.
¿Cuánto tienes tú de profeta? ¿Eres un verdadero testigo de Jesús o tus palabras y tus obras te hacen en definitiva un impostor?
En tercer lugar, el evangelio vuelve a presentarnos una pregunta a Jesús que se viene repitiendo en las últimas semanas: “¿Cuándo va a suceder eso? ¿Cuál será la señal de que todo está por suceder?”. Jesús responde taxativamente: “Que nadie os engañe”. Como ya he comentado varias veces, no debes esperar que se te dé una fecha concreta y próxima de la venida de Jesús, tampoco un lugar concreto. La clave es que tienes que estar dispuesto y preparado para esta llegada, también para la persecución y las pruebas. Este discurso de Jesús es, por tanto, una llamada a la vigilancia.
No te despistes, no pierdas tu vista en el cielo, mira a tu alrededor, donde la realidad trágica que tienes muy cerca está esperando que seas testigo de Jesús con palabras de amor y obras de misericordia.
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio de hoy sea para ti una llamada a poner el corazón en Dios, que, frente a todas las cosas del mundo, no pasa, es eterno. Que acojas la vocación a ser profeta, testigo de Jesús y de su Buena Noticia, y que vivas preparado, vigilante. Que cuando el Señor venga, te halle trabajando por su reino de amor y de justicia.