
Evangelio del día 24 enero 2026 (Se decía que estaba fuera de sí)
Sábado de la 2ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Marcos 3, 20-21)
En aquel tiempo, llegó Jesús a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
Nos encontramos hoy con un texto sorprendentemente breve y, sin embargo, lleno de significado. La multitud busca a Jesús. Encuentra en él cumplido ese anhelo de vida, de sanación y de esperanza que todos llevamos en el corazón. Muchos lo consideran loco o, como mínimo, extraño. Pero los que miran con ojos de Dios reconocen en él al Salvador.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Marcos, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero detenerme en un detalle que puede parecer insignificante. Dice el texto de hoy, ya en su inicio: “Llegó Jesús a casa con sus discípulos”. Fíjate en esos discípulos que Jesús ha escogido. No son alumnos de pupitre. Él no es un maestro con un horario de docencia o un solitario. Esos discípulos son sus compañeros, sus seguidores, más aún, sus amigos. Comparten todo con él. El mismo evangelio de Marcos ha dicho unos versículos atrás que Jesús instituyó a los Doce para que estuvieran con él. Por tanto, comparten con Jesús palabras, milagros, comida y, también, como vemos hoy, casa. Viven con él veinticuatro horas. Su vocación primera es esta: estar con él, caminar con él, aprender de él. Tú también eres uno de sus discípulos. Él te ha llamado también para que estés con él. No para que estés en un ratito en que te abstraes en oración, no para un momento en que pases por la iglesia o eleves a él tu pensamiento, sino para que vivas con él, en su presencia, de su mano, sabiéndote siempre amado y sostenido por él.
¿Tienes a Jesús presente en tu vida? ¿Está tu corazón veinticuatro horas con él? ¿Eres uno con él?
En segundo lugar, en este texto tenemos una idea que se repite a lo largo del evangelio: “Se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer”. El pueblo, gente muy sencilla, muchos enfermos, pecadores, buscan con ansia a Jesús. En ese tiempo había muchos que se hacían pasar por profetas, por sabios, por sanadores, incluso por mesías. Pero el pueblo sencillo tiene olfato. Sabe ver en Jesús algo más, algo que sabe a Dios: esa sonrisa, esa autenticidad, esa mirada, su Palabra, esas caricias, esa ternura, sus milagros. Y, por eso, vemos que la gente se agolpa con tal de tocarle, de cruzarse con él, hasta el punto de que el Señor apenas tiene tiempo para comer.
Detente un momento, mírate a ti. ¿Buscas tú también con ansia a Jesús? ¿Eres consciente de que él es tu salvación, tu sustento, que solo él puede darte paz y felicidad verdaderas?
En tercer lugar, nos encontramos con una referencia sorprendente. Dice el evangelista que la familia de Jesús vino a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Es decir, se decía que Jesús no estaba en sus cabales o, dicho de otra manera, era tomado por loco. Los propios escribas y fariseos decían algo peor: que estaba poseído, que realizaba todos esos milagros con el poder del príncipe de los demonios. No comprenden a Jesús. Tampoco lo hace su familia. Y, por eso, el evangelio de Juan, en otro pasaje, dice: “Tampoco sus parientes creían en él”. Más adelante, serán los propios discípulos los que se muestren incapaces de entender a Jesús en profundidad. Debió ser una verdadera prueba para el Señor sentirse tan solo, tan incomprendido, tan rechazado en su ministerio. Piensa ahora en ti. Tú también, si sigues de cerca a Jesús, si vives tu fe con autenticidad, serás tomado por tonto o por loco o, como mínimo, ridiculizado. ¿O acaso este mundo es capaz de entender que alguien dedique tiempo a orar o a perder la vida para entregarla a los que son despreciados por el mundo?
Pregúntate ahora: ¿has sido ridiculizado tú por la fe o apenas lo has sido porque te callas, porque no se te nota que eres cristiano, porque vives una fe demasiado tibia?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te haga renovar tu alegría de ser discípulo de Jesús, aprendiz del Señor. Y que te lleve a pegarte a él, a seguirle de cerca, a vivir con él y le busques siempre con todo tu ser.
ORACIÓN
Señor Jesús, gracias por haberme llamado y escogido. Que te busque, Jesús, que te encuentre. Concédeme el don de vivir contigo, de saberte siempre a mi lado, de ser tu testigo, no tibiamente, sino con toda radicalidad.