Evangelio del día 8 noviembre 2025 (No podéis servir a Dios y al dinero)

Sábado de la 31ª Semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO (Lucas 16, 9-15)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

«Ningún siervo puede servir a dos señores».

Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de él. Y les dijo: «Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios».

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

En el evangelio de hoy, Jesús saca tres conclusiones o aplicaciones de la parábola del administrador fiel que precede a nuestro texto de hoy. Y las tres se refieren a la actitud ante el dinero. Él te marcará el camino para que no sirvas al dinero, sino que el dinero te sirva para servir a los demás.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, quiero detenerme en esa afirmación tan oscura de Jesús, que se entiende con dificultad: “Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”. “Dinero de iniquidad” significa dinero injusto. Jesús aquí está denominando el dinero “injusto”, puesto que a menudo es fruto de desigualdad o lleva fácilmente a ella. Y, con esta expresión, está diciendo el Señor: “Ese dinero que tenéis y que contiene injusticia y tantos peligros de poner el corazón en él, que puede fácilmente desviaros del buen camino, usadlo para ganar amigos, es decir, para servir a los hermanos, para compartirlo, para crear fraternidad e igualdad, para igualar a las personas y sus oportunidades”. Si lo hacéis así, “os recibirán en las moradas eternas”. Es decir, Jesús te invita a que uses bien tu dinero, en solidaridad y caridad, y será ello lo que abra ante ti el Reino, un reino de paz, generosidad, libertad y fraternidad. Este aviso de Jesús, por tanto, no es solo para ricos o corruptos, sino también para ti.

Puede que tengas más o menos dinero, pero ¿qué uso haces de él? ¿No estás demasiado cómodo y aferrado a tu bienestar, incluso en ocasiones esclavizado por el dinero? ¿Lo compartes, eres generoso con los que menos tienen?

En segundo lugar, continúa Jesús: “El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto”. Jesús hace así hincapié en la fidelidad cotidiana. Te pide que seas fiel a tu fe en la oración, en el trato familiar y cotidiano con Dios, en la celebración de los sacramentos, en la fidelidad a tu pareja, en el amor a tus hermanos. Pero lo concreta ahora de nuevo vinculándolo a lo anterior: “Si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?”. Jesús está diciendo: “Si no sois fieles con los bienes terrenos, si no sois fieles en el buen uso del dinero, que es injusto y vil mil veces, empleándolo bien y sirviendo a los demás, ¿cómo seréis fieles en lo importante, en las cosas de Dios, en cumplir su voluntad, en escuchar su voz?”.

Párate, mírate un momento a ti. Quizá sueñes con vivir o hacer cosas grandes y, sin embargo, a menudo vives mediocremente el día a día. Por eso, pregúntate: ¿eres fiel en lo pequeño, en gestos de cariño y de amor con tus hermanos, en una sonrisa y caricia al que tienes al lado, en una pequeña oración ante el Señor, en un compromiso concreto en tu comunidad cristiana?

Si no es así, ¿cómo serás fiel para responderle de corazón al Señor y entregarle la vida entera?

En tercer lugar, Jesús concluye con una frase rotunda: “Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero”. En esta palabra “servir” se está hablando de un servicio religioso. En realidad, Jesús está diciendo: “no podéis adorar a Dios y al dinero”. A veces las cosas, el bienestar, tus vicios, tu dinero, tus inversiones o propiedades, tus expectativas, tu afán por ganar más o tener éxito adquieren en ti tanto peso que llegan a ocupar en tu vida el lugar de Dios, acaban desplazándolo. Porque, además, sabes bien que Dios lo que te pide es esa libertad en la austeridad, humildad, servicio, solidaridad con tus hermanos. Jesús, a lo largo del evangelio, es muy serio en esta advertencia, hasta el punto de que en otro lugar llega a decir: “¡Qué difícil es que un rico entre en el reino de los cielos!”. Y, en el evangelio de hoy, estos ricos tienen un rostro. Son esos fariseos a los que Jesús dice hoy: “Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que es sublime entre los hombres es abominable ante Dios”. Esos fariseos parecen puros, justos, sublimes ante los hombres y, sin embargo, son abominables y despreciables porque no son verdaderamente religiosos, porque su riqueza está puesta en el dinero, en la imagen, en el reconocimiento, en el éxito. En las bienaventuranzas Jesús lo dirá tajantemente: “Los bienaventurados son los pobres, los limpios de corazón, de ellos es el reino de los cielos”.

Vuelve de nuevo los ojos hacia ti. ¿Eres austero, humilde, limpio de corazón? ¿Adoras al Señor con todo tu ser o en ti habitan, incluso tienen gran fuerza, los ídolos del dinero, el éxito, el máximo bienestar, las cosas o el reconocimiento?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve a pensar con toda seriedad qué lugar ocupa el dinero en tu vida y qué uso haces de él, si el Señor ocupa o no el centro de tu vida, y si su Palabra te mueve a servir, con todo tu ser y también con todos tus bienes, a tus hermanos, y hacerlo con generosidad y fraternidad.

ORACIÓN

Señor Jesús, abro mi corazón con sinceridad ante ti. En él puedes ver que hay amor a ti y a mis hermanos, pero también hay afán por el dinero, el bienestar, la comodidad, los bienes terrenos. Por eso hoy te pido que me ayudes a ser más radical, más generoso, más libre, también con mi dinero, para que, sirviendo a los pobres, se abran ante mí las moradas eternas.

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