
Evangelio del día 15 mayo 2026 (Nadie os quitará vuestra alegría)
Viernes de la 6ª Semana de Pascua
EVANGELIO (Juan 16, 20-23a)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
«Nadie os quitará vuestra alegría».
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
En el evangelio de hoy se recoge la última frase de Jesús ayer a sus discípulos: “Vuestra tristeza se convertirá en alegría”. El evangelio de hoy es de nuevo un canto a la alegría por encima de cualquier prueba o tristeza. Con el Señor la alegría siempre triunfa.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Juan, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, como he anticipado, el evangelio comienza con la idea que Jesús recalcaba ayer: “Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría”. Y ahora ilustra esas palabras con una imagen bellísima: “La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre”. Con esto Jesús está aludiendo también a la nueva vida que puede nacer del sufrimiento y de la prueba, siempre y cuando la vivimos junto a él, si nos dejamos acompañar y sanar por él. No hay tristeza, golpe o sufrimiento de la vida que el Señor no pueda transformar en una alegría enorme.
¿Confías tú tus sufrimientos al Señor, los vives junto a él, confiando en él?
En segundo lugar, seguro que en tu camino de fe has sentido o padecido alguna vez la ausencia de Dios. No temas. Un santo de la talla de san Juan de la Cruz hablaba también de esto, de la “noche oscura del alma”. Jesús, sin embargo, te dice hoy: “Volveré a veros”. Esa promesa la hacemos también nosotros a nuestros seres queridos: “Nos volveremos a ver«. Pero Jesús realmente puede cumplirla hasta el fondo, con fidelidad absoluta, porque él habita ya en lo hondo del corazón, porque él no está sometido al tiempo y a la historia, ni a las distancias, ni siquiera a la muerte. Su promesa, por tanto, es absolutamente real, solo tienes que confiar. Y añade además Jesús: “Y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría”. Ver a Jesús, sentirlo a tu lado, es la mayor fuente de alegría imaginable, una alegría que además nadie podrá robarte. No es esa alegría puntual o anecdótica, superficial que ofrecen las cosas del mundo, que al fin y al cabo ofrecen una satisfacción muy perecedera, sino esa alegría profunda que acaba saciando todos tus anhelos.
¿Sientes que Jesús es tu verdadera alegría?
En tercer lugar, quizá en alguna ocasión te hayas quejado a Dios o hayas pensado que el día en que veas a Dios le preguntarás por muchas cosas que nunca comprendiste. Y seguramente lo hayas pensado como un recriminarle o echarle en cara algunas cosas. Hoy, sin embargo, Jesús dice: “Ese día no me preguntaréis nada”. El encuentro con el Señor será tan maravilloso, estará tan lleno de amor, que inmediatamente comprenderemos todo. Caeremos en la cuenta de cuánto nos ha amado. Aquel día entenderemos en profundidad que eso que creeríamos que era ausencia de Dios estaba realmente lleno de él; que todo en nosotros ha tenido sentido, que cada segundo de nuestra vida ha estado lleno de él.
¿Confías tú en que Dios nunca te abandona, que todo cuanto vives él lo está acompañando y aprovechándolo para que tengas más vida y más alegría?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te lleve a confiar más y más en Dios, en que él te acompaña y te sostiene siempre, y a llenarte de la alegría y de la esperanza que él te regala.
ORACIÓN
Señor Jesús, perdona que a veces desconfíe de ti, que me cueste entender las cosas que me toca vivir, sobre todo las pruebas y sufrimientos. Yo me fío de ti. Sé que nunca me dejas solo. Por eso te pido que me llenes de esa fuerza y de esa alegría que nada ni nadie me podrá quitar.