
Evangelio del día 5 agosto 2026 (Mujer, qué grande es tu fe)
Miércoles de la 18ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Mateo 15, 21-28)
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
«Ella se acercó y se postró ante él diciendo: ‘Señor, ayúdame’».
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy sitúa a Jesús en las regiones paganas de Tiro y Sidón, ambas en la actual Líbano. Una mujer cananea intercede ante Jesús por su hija gravemente enferma. La respuesta que el Señor da a esta mujer nos deja sorprendidos. Pareciera una evasiva para no concederle su favor. Pero no es así. Jesús confía en la fe de esta mujer, incluso la alaba. Y el milagro, ciertamente, sucede.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Mateo, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, conviene explicar el significado de algunas ideas que precisa este texto. La mujer que se presenta ante Jesús no es judía, sino pagana, una gentil. Para los judíos, los gentiles eran impuros, perdidos, no eran destinatarios de la salvación de Dios. Tanto es así que los judíos llamaban a los gentiles despectivamente perros o perritos. Así, los judíos concluían con toda facilidad: nosotros judíos puros, ellos paganos impuros; nosotros judíos, cerca de Dios, ellos paganos, perdidos y condenados. Y así se entiende que diga Jesús: “No está bien tomar el pan de los hijos (es decir, el pan destinado al pueblo elegido, los judíos, el pueblo de Israel) y echárselo a los perritos (es decir, dárselo a los paganos)”. Ciertamente una respuesta así de parte de Jesús nos deja sorprendidos, porque en el evangelio le vemos siempre acogiendo y sanando, empezando por los últimos, sin discriminar a nadie. Por eso, tenemos claro que Jesús está haciéndose eco de un prejuicio judío y lo hace para destruirlo desde dentro y provocar una respuesta de fe en esa mujer. Mas aún, para mostrar que Dios no hace distinción entre judíos y paganos, que todos son hijos suyos, que los puros son en definitiva los que hacen la voluntad de Dios, los que creen en él, los que tienen fe.
Pregúntate: ¿juzgas tú a los demás, marginas y discriminas a las personas?
En segundo lugar, quiero fijarme en la actitud de esta mujer pagana. Su petición al Señor, su súplica, es increíblemente insistente. Nos dice el texto: “La mujer se puso a gritarle: ‘Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Señor, ayúdame’”. Hasta los discípulos se hacen eco de esta insistencia. Y por eso dicen a Jesús: “Atiéndela, que viene detrás gritando”. Pero, además, esta mujer, impura para los judíos de su tiempo, alejada supuestamente de Dios, tiene una increíble confianza en Jesús. Cree de corazón que puede verdaderamente sanar a su hija y por eso le suplica, con toda insistencia, que le ayude. Es por ello todo un modelo de oración y de oración sincera. Dice el evangelio de hoy que la mujer “se acercó a él”, “se postró ante él”, le dijo “ayúdame”. No temas tú acercarte también al Señor, postrate ante él. Suplícale en la oración que te ayude en tus sufrimientos, en tus dificultades, en tus pruebas.
¿Tienes tú esta confianza en Jesús? ¿Oras con insistencia?
En tercer lugar, quiero retomar la respuesta de Jesús a esta mujer. Ya he anticipado que Jesús está haciéndose eco de los prejuicios judíos de su tiempo contra los paganos, y que su intención no es otra que provocar en esta mujer una profunda respuesta de fe. No dice a la mujer ese: “Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos” y la despacha sin más. No. Jesús la recibe, dialoga con ella, permanece junto a ella y, lo más importante, espera de ella algo realmente bueno, profundo, con lo cual se decidirá incluso la sanación de su hija. Y la mujer está a la altura, responde con una confesión de fe, le llama “Señor”, es decir, lo reconoce como Salvador, como Mesías lleno de poder. Su respuesta es asombrosa: “Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Esta mujer, en definitiva, está confesando algo enorme: que unas pocas migajas de ese Pan de Vida que es Jesús pueden obrar un milagro portentoso. Y así sucede. Nos dice el texto que “quedó curada su hija”. Pero resulta más asombroso aún lo que sucede al final: que Jesús alaba su fe. Le dice: “Mujer, qué grande es tu fe”. Jesús está admirando aquello que era despreciado por la gente de su tiempo: mujer y, además, pagana. Pero queda claro así que lo que Dios mira es el corazón, no las apariencias.
Mírate ahora a ti. ¿Vive tu fe demasiado de las apariencias, de tópicos, de prácticas un tanto vacías, o tu fe es verdaderamente fe, es decir, confianza profunda en Jesús, en su amor, en su acogida, en su cercanía, en su poder?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te lleve a huir de toda consideración de pureza e impureza en las personas. Todos son hijos amados de Dios, todos están llamados a recibir su pan y su alimento. Y que, entendiendo esto, supliques a Jesús, con la insistencia de esta mujer, que te sane de todo mal.
ORACIÓN
Jesús mío, mi fe y mi oración son a menudo muy pobres. Me falta constancia e insistencia. Rezo muchas veces de manera superficial, como una rutina, me despisto. Hoy te pido que me ayudes a que mi fe en ti sea inquebrantable. Que te suplique siempre con todo el corazón. Y que tú alimentes siempre mi vida con el pan de la fe, de la esperanza y del amor.