Evangelio del día 21 abril 2025 (Alegraos, no temáis)

Lunes de la Octava de Pascua

EVANGELIO (Mateo 28, 8-15)

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

«Jesús les salió al encuentro y les dijo: ‘Alegraos’».

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

En el evangelio que nos ofrece este lunes de la Octava de Pascua, vemos a las mujeres sorprendidas, en una mezcla de miedo y de alegría. Iban a ungir un cadáver y se han encontrado con la tumba vacía. Un ángel les dice: “¿Buscáis a Jesús, el crucificado? No está aquí: ¡ha resucitado!”. El propio Cristo Resucitado acabará saliéndoles a su encuentro. No hay lugar para el temor, solo para la alegría.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este Lunes de la Octava de Pascua y del texto del evangelio de Mateo que nos ofrece, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, ayer, con el Domingo de Pascua, daba comienzo el tiempo pascual. 50 días de gozo y alegría que se extenderán hasta la solemnidad de Pentecostés, en que celebraremos la venida del Espíritu Santo. Ahora nos hallamos en la Octava de Pascua, esos ocho primeros días de la cincuentena pascual en los que se extiende de un modo muy intenso y especial el gran domingo de Resurrección. Por tanto, esta octava es una especie de largo domingo en el que cada día es día de Pascua. Y, de hecho, aunque varíen las lecturas, las oraciones de la misa serán siempre las mismas. Lo cierto es que esta realidad de la Octava de Pascua puede extenderse a toda la existencia. Tras la resurrección de Jesús, toda la vida del cristiano está atravesada por la Pascua. Ya nada es igual. El sufrimiento, la prueba, el dolor, la desesperanza, están atravesados por la luz de la resurrección. Hemos sido salvados del sinsentido, del pecado, de la muerte. 

Pregúntate: ¿sientes que tu vida está atravesada enteramente por la luz de la Pascua? ¿En tu vida concreta se hace presente y eficaz esta esperanza de Cristo Resucitado?

En segundo lugar, todos estos días nos contarán diversas apariciones del Resucitado. Jesús no ha resucitado y se ha olvidado de los suyos. No. Se hace presente en el camino de la vida de sus discípulos. Y cuando Jesús se aparece a sus discípulos, lo hace con tres palabras. Una: «Alegraos». La resurrección es causa de nuestra alegría. Dos: “No temáis». La resurrección disipa nuestros miedos. Tres: “Id y anunciad». La resurrección exige que esta Buena Noticia sea compartida. Y respecto a este último punto, es muy llamativo lo que nos dice el texto. Cuando las mujeres van al sepulcro vacío y ven al ángel, corren a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les sale al encuentro. Es decir, Jesús nos sale al encuentro en la misión, cuando compartes su buena noticia, cuando evangelizas. Esta es la auténtica espiritualidad cristiana: la oración, encuentro con Cristo, ha de llevarte a la misión, a anunciarle; y en la misión encontrarás a Cristo, que te invitará al mismo tiempo a encontrale en la oración. Ahora, pregúntate. Seguro que Cristo te ha salido también a ti al encuentro en diversos momentos de tu vida, algunas veces de una manera muy especial, incluso fundante.

Haz memoria de esos momentos y piensa si te llevaron a anunciarle y a comprometerte más.

En tercer lugar, queda el lado oscuro del texto, que nos dice: “Los sumos sacerdotes, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: ‘Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais’”. Es cierto que Cristo ha llenado todo con su luz. Pero en este mundo la tergiversación, la mentira, la maldad, siguen al acecho y son una alternativa real, también para ti. Por eso, huye de toda clase de egoísmo, de toda maldad y de toda hipocresía, que no traerá jamás a tu vida paz. Busca al Resucitado. Él es el único que puede realmente llenar tu vida de alegría y disipar todo temor y todo sinsentido. 

Medita un momento: ¿qué oscuridades permanecen aún en ti y tienes que trabajar y eliminar para que Cristo brille con más fuerza en tu vida?

CONCLUSIÓN

Pues que este día y este evangelio te llenen de alegría y te lleven a extender esta alegría a toda tu existencia. Y que, acogiendo la llamada de Jesús, contagies este gozo y lleves la Buena Noticia del Evangelio a los demás.

ORACIÓN

Señor Jesús, tú también sales a mi encuentro en el camino de la vida y me dices: “Alégrate, no temas. Ve y anuncia”. Cristo, lléname de tu alegría, que no me paralicen los miedos y que sea así un testigo creíble de tu buena noticia.

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