
Evangelio del día 6 febrero 2025 (Llamó Jesús a los Doce y los envió)
Evangelio y Reflexión
EVANGELIO
Jueves de la 4ª Semana del Tiempo Ordinario
(Marcos 6, 7-13)
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y decía: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
«Llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos».
Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos». Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
En el evangelio de hoy, Jesús lleva a cabo el envío misionero de los Doce. Los ha escogido Jesús, no para que se queden parados o extasiados con él, sino para que sean testigos, para ser enviados, para que sean misioneros de la Buena Noticia del evangelio.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Marcos, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, vemos que Jesús envía a los Doce a la misión. Este número doce es un número simbólico que hace referencia a las doce tribus de Israel. Escogiendo a doce en torno a él, por tanto, Jesús está diciendo: este es el nuevo Israel, conmigo se están haciendo realidad las promesas de Dios. Y los escoge para enviarlos. En este sentido, todo discípulo es “apóstol”, una palabra griega que significa “enviado”. No lo olvides: ser cristiano es ser enviado. La fe cristiana no es una religión al uso, que se realizaría en una serie de prácticas o en un culto oficial. Es mucho más que eso. Es primeramente un encuentro, una relación con Jesús y, al mismo tiempo, vocación, envío, misión. Estar con Jesús, gozar de su amor, conlleva dar testimonio de ese amor.
¿Eres misionero del amor de Dios o te conformas con una fe intimista, que no sale más allá de las fronteras de ti mismo?
En segundo lugar, quiero que te fijes en la misión de estos enviados: predicar la conversión, echar demonios, ungir y curar enfermos. Su misión es la misma de Jesús: anunciar el evangelio, luchar contra el mal a fuerza de bien, llevar la sanación de Dios a todas partes. Una misión que no solo es idéntica a la de Jesús, sino que, como dice el texto, cuenta con «autoridad». Y esta autoridad no es otra cosa que el hecho de que Jesús va contigo cuando hablas de él; Jesús predica por tus labios; camina con tus pies; sonríe con tu boca, y derrama su amor y misericordia con tu acogida y tu ternura. Este es el milagro de la misión.
¿Eres consciente de que Jesús te llama, te envía y te acompaña en la misión? ¿Pones todas tus cualidades, todo tu ser, a su servicio?
En tercer lugar, no pueden pasarse por alto las condiciones de la misión. Primero, que Jesús los va enviando de dos en dos. El individualismo es todo lo contrario a lo que Jesús te pide. La misión, como la oración y el culto cristianos, son plenos en comunidad. Segundo, la misión se realiza en pobreza. Dirá Jesús: “un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; con sandalias, pero no una túnica de repuesto, y acogidos en las casas que tengan a bien recibiros«. Está claro, por tanto, que frente a este mundo que hace un despliegue deslumbrante e imponente de medios, Jesús te quiere decir: “te basta mi gracia«, «yo estoy contigo”, “el Espíritu es tu fuerza para la misión”.
Pídele, por tanto, al Señor que te haga comprender este misterio de la sencillez en el anuncio de la Buena Noticia.
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te haga renovar tu vocación, no solo de seguidor de Jesús, sino de enviado, y llenes tu boca de sus palabras, y todo tu ser de su amor para llevarlo a todas partes.
ORACIÓN
Señor Jesús, sé que me llamas a ser testigo de tu Evangelio. A menudo me resisto. Otras veces me ocurre que pongo toda mi fuerza en mis propias palabras, incluso me busco a mí mismo. Señor, haz que me despoje de egoísmos, de mi orgullo y de mi vanidad, para que lo único que resplandezca en mí sea tu presencia y tu amor.