
Evangelio del día 19 septiembre 2025 (Le acompañaban algunas mujeres)
Viernes de la 24ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Lucas 8, 1-3)
Después de esto iba él caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce, y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades:
Jesús caminaba de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo.
María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
Hoy el evangelio de Lucas nos presenta un breve texto en el que Jesús aparece en plena tarea misionera. Jesús camina de pueblo en pueblo, anuncia la nueva noticia del Reino. Si en el Antiguo Testamento hablábamos de las doce tribus de Israel, ahora Jesús convoca al nuevo pueblo de Dios, significado en estos doce hombres que había escogido. Un grupo que tenía una misión muy esencial, pero que no excluye la presencia de mujeres, verdaderas discípulas y apóstoles, que no solo le seguían sino que le apoyaban con sus bienes y que serían absolutamente fundamentales en el anuncio del Reino.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito del evangelio de hoy, como cada día, me gustaría destacar tres puntos que pueden ser sugerentes para nosotros:
En primer lugar, que Jesús no se queda nunca parado. Jesús no se queda estancado. Lo suyo es la itinerancia. La vida desde Dios es siempre un éxodo, una salida. Él siempre nos saca de nuestra tierra como a Abrahán en otro tiempo: “Abrahán, sal de tu tierra”. Él nos invita a ir más allá, como le dijo a Pedro: “Pedro, boga mar adentro”. Quizás hoy debamos preguntarnos si no estamos demasiado cómodos o asentados. ¿Nuestra vida de fe se ha quedado parada o estamos constantemente en búsqueda, en salida, como nos pide una y otra vez el Papa Francisco: “Sueño con una Iglesia en salida, capaz de transformarlo todo”?
En segundo lugar, quiero destacar que Jesús nunca va solo, va acompañado. La comunidad es fundamental. La fe cristiana es todo lo contrario a algo intimista o individualista. Es más, cuando oramos decimos no “Padre mío” sino “Padre nuestro”. Cuando celebramos la eucaristía lo hacemos también en comunidad. Y cuando anunciamos a Cristo debemos también hacerlo en comunidad. Y, ya lo sabemos, lo que anunciamos no es un credo sin más, sino el evangelio, una palabra griega (“euangelion”) que significa buena noticia. Somos anunciadores de la mejor noticia de todos los tiempos. Lo nuestro es ser testigos de buenas noticias.
Y, en tercer lugar, querría resaltar un punto que no puede pasarnos desapercibido: “Le seguían también mujeres”. En una sociedad judía en la que se movía Jesús, y que despreciaba constantemente a la mujer, que la relegaba al ámbito privado y doméstico y cuyo testimonio ni siquiera contaba en los juicios, que era siempre sospechosa de todo y que, en definitiva, constituía el ser más vulnerable, Jesús escoge también a seguidoras, se deja ver y acompañar por ellas, las trata con toda dignidad, incluso (y esto es algo enorme) las hace primeras testigos de su resurrección. Son las mujeres la mañana de pascua las primeras que ven y reconocen a Jesús resucitado. ¿Qué sería de nuestra Iglesia sin las mujeres? ¿Qué sería de las parroquias y de todos sus grupos, consejos, comités? ¿Qué sería de la catequesis? ¿Qué sería, en definitiva, de la vida cotidiana de las comunidades sin la mujer? Mujeres que aportan siempre vitalidad, sensibilidad, hondura, profundidad, espiritualidad, ternura y, también, no lo olvidemos, arrojo misionero. Entre los grandes santos de la Iglesia se encuentran mujeres de una espiritualidad y de una valentía y de una entrega sin igual. Quizá, como debilidad personal, podamos poner nuestra mirada en Santa Teresa de Jesús, “la más santa de las mujeres y la más mujer de las santas”, que nos recuerda que Jesús anda entre los pucheros, en lo más cotidiano de nuestra vida. Hoy, como Jesús, las mujeres siguen siendo grandes e imprescindibles misioneras de esta buena noticia del Evangelio. Hoy quiero, queremos, dar gracias a Dios por el regalo de la mujer en la Iglesia.