Evangelio del día 22 febrero 2026 (Jesús fue tentado por el diablo)

Domingo de la 1ª Semana de Cuaresma (Ciclo A)

EVANGELIO (Mateo 4, 1-11)

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

«Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús llevado por el Espíritu al desierto, donde es tentado por el diablo. Jesús, lejos de dejarse seducir, sale victorioso por su fidelidad, su confianza en Dios, su humildad y autenticidad. En él no hay pecado.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Mateo, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, lo primero que llama la atención es que Jesús, el Mesías, el Señor, el Salvador, el Hijo de Dios, sea tentado. Pero esta realidad es, al mismo tiempo, la mejor muestra de su verdadera humanidad y de su verdadera divinidad. Como verdadero hombre que es, es tentado. Lo dice la Carta a los Hebreos: “Ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado”. Su victoria sobre la tentación, sin embargo, manifiesta rotundamente su divinidad. Jesús es el siempre fiel a la voluntad de Dios. No opta por ser un mesías triunfal, rey, como esperaba el pueblo judío y los propios discípulos de Jesús, sino un mesías servidor, humilde, ese siervo de Yavé sufriente, que amará hasta el extremo, que dará su vida hasta el final en la cruz. En el huerto de los olivos, en esas últimas horas de su vida, ratificará esta fidelidad: “No se haga mi voluntad sino la tuya”.

¿Has pasado tú también por el desierto y la tentación? ¿Has hecho presente a Dios y has luchado por ser fiel a su voluntad?

En segundo lugar, quiero fijarme en otros dos guiños de Mateo en este evangelio tan sugerente. Jesús aparece tentado en el desierto. Es fácil ver en este pasaje una imagen del pueblo de Israel en el desierto. El número cuarenta, cuarenta años que estuvo el pueblo de Israel en el desierto y cuarenta días de Jesús en el desierto, es un paralelismo claro que relaciona ambas realidades. Jesús es ese  nuevo Moisés que conduce al nuevo pueblo de Dios a una tierra nueva, pero él, a diferencia de Moisés e Israel, victorioso ante las tentaciones. Mientras que el pueblo de Israel protesta a Dios, e incluso se entrega a la idolatría, Jesús permanece fiel. Otra imagen preciosa es la del nuevo Adán. Si el primer hombre se dejó seducir por el diablo y comió del fruto prohibido, Jesús es ese hombre nuevo que permanece fiel, íntegro, sin tacha, unido indisolublemente a Dios.

Y tú, ¿en la tentación y la prueba te revuelves contra Dios o permaneces fiel a él? ¿Te dejas caer fácilmente o te apoyas fuertemente en el Señor?

En tercer lugar, quiero centrarme, ya concretamente, en esas tres tentaciones que sufre Jesús y que resumen también las tentaciones de toda su vida. Primero: “Di que estas piedras se conviertan en panes”. Es la tentación del hambre, que sufrió el pueblo de Israel y por el que tanto protestó a Dios, incluso que le llevó a añorar su estancia esclava en Egipto. Jesús no protesta, sino que exclama: “No solo de pan vive el hombre”. Es una invitación aún más profunda a que huyas de la tentación del consumismo, de la superficialidad, del poseer y pongas en el centro a Dios y su Palabra. Segundo: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo”. Es ese querer tentar a Dios pidiéndole signos y prodigios para uno mismo. Una tentación que Jesús sufrió hasta el final, cuando durante sus tormentos exclamaban delante de él: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz”. Jesús responde maravillosamente: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Esa tentación la tienes tú también, la de utilizar a Dios en tu propio favor y entregarte a lo espectacular, a ser alguien admirado y reconocido. Y tercero: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras”. Es la tentación del poder, ese creer que la vida es poseer, dominar, oprimir, explotar. Es, además, una mentira, porque el diablo no puede dar eso, es una fantasía. Pero, además, es un deseo destructivo, porque, como ha dicho bellamente el papa Francisco, el verdadero poder es el servicio, y así lo manifesta Jesús hasta el final. De un modo precioso dirá Jesús: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”.

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve a ser fiel, como Jesús, hasta el final. Te lleve a huir de la superficialidad, del consumismo, del ansia de ser reconocido y admirado, del afán de tener éxito y poder. Que tu fidelidad a Dios se traduzca en el verdadero poder: el poder de la autenticidad, de la credibilidad, el poder definitivo: “en todo amar y servir”.

ORACIÓN

Señor Jesús, dame fuerza en la tentación, que soy muy débil. Mi corazón busca siempre lo fácil, lo superficial, el reconocimiento, el éxito, el centramiento en mí mismo, el olvido del prójimo. Yo te adoro solo a ti. Solo tú eres mi Dios y a ti solo quiero servirte, mi Dios.

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