Evangelio del día 16 abril 2026 (El que cree posee la vida eterna)

Jueves de la 2ª Semana de Pascua

EVANGELIO (Jaun 3, 31-36)

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

«El que cree en el Hijo posee la vida eterna».

El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

Las palabras del evangelio de hoy son de Juan Bautista. Aún no lo han encarcelado. En los versículos previos a nuestro texto, el Bautista había dicho: “Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado delante de él. Él tiene que crecer, yo tengo que menguar». El testimonio que dará ahora sobre Jesús es magnífico, esplendoroso.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Juan, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, el dilema que plantea el evangelio de hoy es el siguiente: creer o no creer. Y de ahí se deriva otro: vivir o no vivir. Lo dice expresamente el Bautista: «El que cree posee la vida, el que no cree no verá la vida”. Creer no es solamente decir «yo soy cristiano» o «soy católico», como quien dice «soy de esta religión y no de otra». No es una cuestión de afiliación, ni una mera aceptación de unos artículos de fe o de unas normas. Es algo infinitamente mayor, es muchísimo más. Creer en Jesús es creer a Jesús, creer que es, como dice el evangelio de hoy, el enviado de Dios, el que ha venido del cielo, el que está por encima de todos, incluso de Abrahán, de Moisés, de Juan Bautista y de cualquier otro profeta. Y creer en el Hijo es también algo concreto. Es vivir con él, encontrarse con él, actuar como él, llenarse de su Vida. Lo dijo bellamente el papa Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión o una idea, sino por el encuentro con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Podría decirse de otra manera: «Ser cristiano es vivir realmente la Vida, esa Vida con mayúscula que llena todo de sentido. Sé quién soy: un hijo de Dios creado por amor; por qué estoy aquí: para amar y ser amado; y qué me espera: la vida eterna. La vida con Jesús es una Vida tan nueva, tan diferente, tan radicalmente distinta a cualquier otra cosa, que con razón dice el Bautista que “el que no crea no verá la vida”, o según otra traducción, diría: «Quien no cree no sabrá lo que es la vida». 

¿Eres consciente de vivir una vida nueva en Cristo, llena de sentido, con una orientación maravillosa, una vocación, una misión?

En segundo lugar, el texto es esencialmente trinitario, es decir, nos habla nítidamente de Dios Trinidad. Dice: “El Padre ama al Hijo, el Hijo da el Espíritu”. Tres personas, Padre, Hijo, Espíritu, y un solo Dios. Ciertamente se trata de un misterio, imposible de comprender en su profundidad. Pero la Santísima Trinidad nos habla del amor que hay en Dios, un amor tan grande que hace que esas tres personas lleguen a ser una sola cosa. Ese es el misterio de Dios: que el amor es tan fuerte que puede hacer de cosas diversas una sola. O, dicho de otro modo, que Dios es familia, amor entregado y recibido, amor compartido. Y que esta comunidad de amor que es Dios es toda una escuela para nosotros, que somos imagen y semejanza suya, y que estamos llamados a vivir amando, como él, amando, entregándonos.

¿Crees en Dios Trinidad? Adora al Señor. Dile con toda profundidad: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.

En tercer lugar, dice el evangelio que Dios no da el Espíritu con medida. Si no hay medida, entonces es desmedido, abundante, excesivo. Y lo que se nos da sin medida es el Espíritu de amor, de unidad, de paz, de fortaleza. Y este amor nos lo ha dado Dios en Cristo increíblemente, sin límites. Ha sido una efusión de amor magnífica. Por eso, con razón se ha dicho que Dios siempre actúa mediante una ley: la de la ley de la sobreabundancia, la de dar todo sin medida. Y espero que tú mismo lo hayas experimentado así. Dios te ama sin medida, te perdona sin medida, se entrega a ti sin medida, ha creado para ti un universo sin medida, una belleza sin medida. Y te invita a vivir a ti también de este modo: sin medidas, sin cálculos, sin esa correspondencia continua de “yo te doy porque tú me das”, me caes bien porque te caigo bien, te hago un favor porque tú también me los haces… Se trata de amar con ese amor del Espíritu, que se da porque sí, sin medida, y que transforma la realidad.

Examínate durante unos segundos. ¿Tu amor responde mucho a intereses y correspondencias humanas o tienes gestos de verdadero amor, desinteresado, generoso?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve a tomar conciencia de la vida maravillosa que vives con Jesús, cómo él te ha salvado y ha dado un horizonte maravilloso a tu existencia. Dale gracias por ser tan afortunado, por su amor, y pídele que te enseñe a amar como él.

ORACIÓN

Jesús mío, enviado del Padre, dador del Espíritu, hoy quiero encontrarme contigo, recordar que es maravillosa esta vida recibida de ti, que todo está lleno de sentido. Y que mis palabras y mis obras den testimonio de esta maravilla, de esta luz que tú has puesto en mí.

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