
Evangelio del día 26 enero 2025 (El Espíritu del Señor está sobre mí)
Evangelio y Reflexión
EVANGELIO
Domingo de la 3ª Semana del Tiempo Ordinario – Ciclo C
(Lucas 1, 1-4; 4, 14-2)
Ilustre Teófilo: Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
«Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad».
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en su tierra, concretamente en la sinagoga de Nazaret, allí donde había escuchado la Palabra de Dios desde que era un niño. Jesús lee la lectura y escoge un pasaje muy concreto del profeta Isaías. Ante el asombro de todos, exclama: “Hoy se ha cumplido esta Escritura”. Jesús es verdaderamente el Mesías, el que viene a cumplir las promesas de Dios. Él es la Palabra de Dios hecha carne.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero detenerme en un detalle que puede haberte pasado desapercibido. Dice el texto ya en el inicio: “Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu”. Su vida está movida por el Espíritu de Dios. Cuántas personas, piensa si tú mismo, dejan que su vida la mueva la inercia de las circunstancias, las modas del momento o los intereses de otros. Muchas veces tu propia vida está movida únicamente por el egoísmo o la comodidad. Hoy, mirando a Jesús, Dios te invita a que dejes al Espíritu Santo ser el motor de tu vida: el Espíritu de amor, de generosidad, de entrega, de paz, de donación.
Pregúntate: ¿Qué mueve realmente tu vida? ¿Dejas que el Espíritu mueva tu tiempo, tus decisiones, tu vida entera?
En segundo lugar, Lucas nos describe a Jesús en el evangelio leyendo la Palabra de Dios en la sinagoga. Elige un pasaje concreto del texto de Isaías, que conocería bien. Domina la Escritura, la ha leído, meditado y orado. Ha dejado que cale en él y se haga en él una realidad.
¿Lees tú la Palabra de Dios y, particularmente, el Evangelio? ¿Oras con la Palabra, la meditas asiduamente, o únicamente la oyes en misa y, además, casi siempre te pasa sin pena ni gloria, porque andas despistado pensando en otras cosas?
En tercer lugar, es increíblemente significativo que el pasaje que escoge Jesús para leer a sus paisanos de Nazaret, sea precisamente este texto de Isaías: “Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor”. Y exclama Jesús a continuación: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír”. Jesús está diciendo: “Esto que anunció el profeta Isaías se esta cumpliendo aquí y ahora, se está realizando en mí”. Jesús expresa así que su misión es traer la gracia de Dios, su salvación, su amor incondicional y, además, con unos destinatarios privilegiados. No los ricos, los puros, unos escogidos. No, sino los pobres, los oprimidos, los últimos, aquellos que lo único que tienen es a Dios. Piénsalo: hoy se cumple también esta escritura en ti. Jesús quiere traerte la salvación de Dios, llenarte de su amor.
¿Vas a presentarte con las manos abiertas, como un pobre, para recibirlo todo de él? ¿O vas a seguir en esa fantasía de creerte independiente, no necesitado de Dios?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te lleve a experimentar la Buena Noticia que supone tener fe, haber recibido la gracia de Dios, esta salvación absolutamente gratuita e incondicional. Y que te lleve, como a él, a hacerte buena noticia para los demás, especialmente para aquellos que menos tienen, para aquellos que más lo necesitan.
ORACIÓN
Señor Jesús, que tu Palabra me cambie el corazón. Que tu Palabra transforme mis egoísmos e intereses en generosidad y entrega. Y que abra los ojos y deje espacio en mi vida para los pobres, para los últimos, para tus preferidos.