
Evangelio del día 5 junio 2026 (¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?)
Viernes de la 9ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Marcos 12, 35-37)
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David?
«¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David?».
El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio que Marcos nos ofrece hoy es, sin duda, un texto difícil. Es complicado captar de primeras la pregunta de Jesús, más aún su intención. Sin embargo, pronto veremos que quiere aclarar cuál es su propia pretensión. Él no es un mesías político o poderoso, sino un mesías servidor.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Marcos, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, para entender el planteamiento de Jesús en el evangelio de hoy, conviene explicar algo el contexto. El pueblo de Israel esperaba con ansia la venida del Mesías, es decir, de un enviado de parte de Dios, algo que habían anunciado insistentemente los profetas. Además, esa expectativa, esa esperanza, era en tiempos de Jesús especialmente intensa. Se creía que ese Mesías aparecería de un momento a otro. Respecto de dónde vendría el Mesías, cómo sería, la creencia más generalizada se basaba en las palabras del profeta Natán en el segundo libro de Samuel, cuando transmite al rey David las palabras del Señor: “Yo suscitaré descendencia tuya después de ti; tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”. Por eso los judíos creían con firmeza que el Mesías sería hijo de David, de su linaje, un mesías rey poderoso que liberaría a Israel de toda opresión y lo encumbraría sobre todos los pueblos. Esta expectativa judía de un mesías poderoso atraviesa en realidad todo el evangelio y los mismos discípulos de Jesús comparten esta ideología. Creen que Jesús es el Mesías, pero esperan que sea un mesías rey. Y así se entiende que los Zebedeo, es decir, los apóstoles Santiago y Juan, lleguen a pedir a Jesús un puesto a su derecha y otro a su izquierda cuando llegue a su reino, o que san Pedro se indigne con Jesús cuando éste les anuncie que le espera un destino de pasión y muerte.
En segundo lugar, creo que ya estamos en condiciones de entender qué pretende Jesús con sus palabras. Vayamos al texto. Plantea Jesús: “¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David?”. El Señor está poniendo en cuestión la afirmación de los escribas, que eran los teólogos o sabios de su tiempo. Y como prueba para cuestionar esa afirmación, cita Jesús el Salmo 110: “El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies’”. Y entonces Jesús saca la conclusión: “Si el mismo David lo llama señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?”. Jesús está argumentando: de acuerdo a la escritura, inspirada por Dios, ese Mesías no puede ser hijo de David, porque un padre no llama ‘señor’ a su hijo. Pero sin detenernos tanto en la lógica del argumento, quiero que veas que Jesús está dejando claras dos cosas muy importantes: que el Mesías es inmensamente mayor que el propio rey David (y, de hecho, así confesamos los cristianos a Jesús: mayor que cualquier profeta o rey, porque él es hombre y Dios, es Hijo de Dios); y a Jesús le interesa añadir algo más: ridiculiza a estos escribas porque no entienden la lógica de Dios, porque el mesías nada tendrá que ver cono esas resonancias tan regias, tan políticas, tan atravesadas de gloria y de poder. El Mesías será algo muy diferente. Con esto Jesús está diciendo algo durísimo para los oídos de los judíos: eso de que “Dios a través de su Mesías restaurará el trono de David e Israel estará por encima de todos los pueblos” es un sinsentido, una ilusión, una fantasía. Todavía más, es incompatible con la voluntad de Dios, que no quiere que se salven unos pocos hombres sino todos los hombres, y que ama no a unos pocos hijos, sino a todos sus hijos, y que no tiene un designio para un pueblo, sino para todos los pueblos, un designio universal. Así de inmenso es el amor de Dios.
En tercer lugar, quiero ahora detenerme en lo más importante del evangelio de hoy: Jesús ha desmontado la mentalidad judía de su tiempo que asociaba a Dios y a su enviado con el triunfalismo, el poder, la gloria, el honor, el poder guerrero, militar, político. A lo largo de todo el evangelio, Jesús no se da el título de hijo de David, sino de Hijo de Hombre, un título muy cercano a ese siervo del señor, ese siervo sufriente que pasa haciendo el bien. Jesús se identifica con ese siervo sufriente que dará su vida en humildad, en mansedumbre y en servicio hasta el final. Y Cristo luchará una y otra vez, incluso contra sus propios discípulos, para purificar esta mentalidad retorcida que siempre asocia gloria con poder. Y lo hará inculcándoles que el verdadero poder es el servicio. Ahora piensa en ti. Reconócelo: tú también fácilmente buscas el éxito, lo fácil, lo superficial, la gloria, el reconocimiento, el poder. Jesús, con este evangelio de hoy, te está diciendo: “Todo eso no es verdad, es una ilusión, una fantasía”. Dios Padre, su Hijo Jesús, el Espíritu Santo, nada tienen que ver con ese sentido tan humano de poder, de autoridad y de gloria. Tienen que ver, por el contrario, con amor y servicio.
Pregúntate: ¿qué hay en ti, en tus búsquedas, en tus intenciones: egoísmo y poder o humildad y entrega? Párate unos segundos y déjate seducir por este Dios asombroso, tan increíblemente cercano, y cuya autoridad y poder son su ternura, su amor y su misericordia.
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te lleve a seguir los pasos de Jesús, a huir de búsquedas demasiado humanas de gloria, honor y poder, y a caminar por la senda de la humildad, del amor y del servicio callado.
ORACIÓN
Señor Jesús, en mi corazón se cuelan a menudo expectativas muy humanas: reconocimiento, poder, aires de grandeza. Dame tu Santo Espíritu de Amor, que sea humilde como tú, que el motor de mi vida sea en todo amar y servir.