Evangelio del día 17 noviembre 2025 (Señor, que recobre la vista)

Lunes de la 33ª Semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO (Lucas 18, 35-43)

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: «Pasa Jesús el Nazareno». Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se paró y mandó que se lo trajeran.

«’Recobra la vista, tu fe te ha salvado’. Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios».

Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que recobre la vista». Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

 

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús curando a un hombre en la entrada de Jericó. Un ciego cuyo nombre conocemos por el evangelio de Marcos. Se llamaba Bartimeo, el hijo de Timeo. Un ciego de nacimiento. ¿Y si hoy tú fueras Bartimeo y Jesús quisiera sanar también tus cegueras?

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, quiero detenerme en los milagros de Jesús. Son acciones increíblemente extraordinarias. El mismo Jesús las enumera cuando responde a un enviado de Juan el Bautista, que quiere saber si Jesús es el Mesías. Dice: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan”. Hasta los enemigos de Jesús reconocen estos prodigios, aunque le ataquen diciendo que los obra por el poder del príncipe de los demonios. Pero hay una clave que no puedes perder de vista. Los milagros son ciertamente milagros, prodigios, hechos extraordinarios, no explicables más que por la omnipotencia de Dios. Sin embargo, los milagros son más que milagros. Son signos. En definitiva, estos prodigios quieren abrir tus ojos a una realidad mayor: que Jesús es el Mesías, que Dios es un Padre bondadoso, enemigo del sufrimiento y de la muerte, que su amor por ti es incondicional. Solo un necio, cuando ve un dedo apuntando a la luna, se queda mirando al dedo.

Y tú, ¿reconoces los signos de Dios en tu vida? ¿Estás atento a todo lo que Dios hace en ti o te pasa desapercibido?

En segundo lugar, quiero detenerme en el sentido simbólico que da el evangelista Lucas a esta curación del ciego Bartimeo. Inmediatamente antes de este pasaje, Jesús ha dicho sus discípulos: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del hombre todo lo que está escrito por los profetas, pues será entregado a los gentiles y será escarnecido, insultado y escupido, y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará”. Los discípulos están ciegos, no entienden. O, peor aún, no quieren entender. Dice el refrán: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Los discípulos tienen los ojos cerrados, tienen una ceguera máxima. No pueden, no quieren entender que Jesús tenga que cumplir un destino de muerte. Tú también estás ciego. Y por eso tienes que pedirle al Señor, lleno de fe, con la insistencia de Bartimeo: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”, “¡Señor, que recobre la vista!”. Pídele que te dé la luz y la visión de la fe, que te libere de tus cegueras, es decir, de tu egoísmo, de tu incapacidad para reconocer a Dios en todas las cosas, de tu pasotismo respecto al hermano necesitado. Si lo haces, ciertamente quedarás sanado y Jesús te susurrará: “Recobra la vista, tu fe te ha salvado”.

¿Cuál es la ceguera más importante que el Señor tiene que curar en ti?

En tercer lugar, es preciso indicar que este texto del ciego, que no ve y que recobra la vista, tiene un esquema básico de iniciación a la fe, de aquellos pasos o etapas que tiene que seguir todo discípulo para llegar a Jesús. Primero, Bartimeo presiente al Señor y pregunta quién pasa por allí. Segundo, lo regañan para que se calle, pero él grita más fuerte, es decir, vence los obstáculos para llegar a Jesús. Tercero, Bartimeo rompe con su pasado soltando su manto y dando un salto hacia Jesús; hay que liberarse de aquello que nos dificulta el seguimiento. Cuarto, el ciego dialoga con Jesús, al que reconoce primero como Hijo de David y finalmente, en toda su verdad, como Señor. Quinto, Bartimeo es sanado en su encuentro con Jesús. Y sexto, tras su sanación, Bartimeo, el que antes era ciego y ahora ve, sigue a Jesús por el camino glorificando a Dios. Son las etapas que ha de seguir todo discípulo de Cristo, son los pasos que has de seguir también tú.

¿Superas las dificultades para llegar a Jesús? ¿Dialogas con él? ¿Sueltas los lastres, todo aquello que te ata? ¿Te has encontrado con él? ¿Te sientes sanado por él? ¿Le sigues por el camino? ¿Le glorificas con tu vida?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio de hoy sea una nueva ocasión para que reconozcas los milagros que Dios obra en tu vida, y una oportunidad para que pidas al Señor que te libre de tus cegueras, para que, lleno de luz y de verdad, con una fe fuerte y confiada, sigas a Jesús por el camino, libre de ataduras, glorificando a Dios con tu vida.

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