
Evangelio del día 21 octubre 2025 (Bienaventurados los criados en vela)
Martes de la 29ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Lucas 12, 35-38)
En aquel tiempo, dijo Jesús: Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela;
«Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela».
en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El texto que nos presenta hoy Lucas nos ofrece una nueva parábola: la de esos siervos fieles que aguardan en vela la llegada de su señor. La invitación que te hace Jesús hoy es a que estés vigilante, atento, a que no te despistes ni te dejes llevar. La fidelidad a Dios no puede esperar. ¿Tienes el corazón preparado para recibir al Señor? ¿A qué estás esperando para encender tu lámpara, recibirle y acogerle?
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito del texto que acabamos de escuchar, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, dice Jesús: “Tened ceñida vuestra cintura”. Los judíos, que solían vestir hábitos largos y flojos, necesitaban recogerlos a la cintura ciñéndose con un cinturón o correa para disponerse a trabajar. Por tanto, es una alusión a que tenemos que estar preparados para el trabajo de Dios, para servirle en el anuncio del Evangelio, comprometidos en la construcción del Reino. No puedes dormirte en los laureles.
Si hoy el Señor viniera a ti, ¿te encontraría trabajando con todas las fuerzas por su Reino de justicia, de amor y de paz?
En segundo lugar, dice Jesús: “Tened encendidas las lámparas”. La luz es signo de una fe viva, vigilante; también es signo de la presencia de Cristo resucitado, esa luz que recibiste del cirio pascual el día de tu bautismo.
¿Está viva tu fe o has dejado que el pábilo esté vacilante, a punto de apagarse? ¿Alimentas la luz de tu fe con el aceite de la oración, de la lectura de la Palabra, de la eucaristía?
En tercer lugar, llama la atención el giro que presenta Jesús en su parábola. Estos siervos vigilantes no solo reciben el nombre de “bienaventurados”, es decir, dichosos, benditos, sino que, a la llegada de su señor de la boda, son hechos ellos mismos señores, sentados a la mesa y servidos por él mismo. Es maravilloso saber que todo un Dios omnipotente quiera servir a una criatura tan pequeña como tú. ¡Qué amor te tiene el Padre! ¡Qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues lo somos! Con razón dice el salmo: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?”. Esta es la verdad que nos ha transmitido el mismo Jesús, imagen del Padre. Cristo, haciendo el bien y sirviendo a cada momento, lavando los pies y entregándose hasta el final, nos ha mostrado que Dios es en sí mismo servicio, entrega, amor. Sí, créetelo. Tienes un Dios tan bueno que su único afán es servirte, mimarte. Por eso, nuestra vocación, nosotros que somos imagen suya, es convertirnos como él en servidores. No olvides que servir al Señor y a su Reino te dignifica, te ensalza, te asemeja a tu buen Padre Dios.
CONCLUSIÓN
Pues que el evangelio de hoy te recuerde que tienes que estar vigilante y trabajando ya en la construcción del Reino, alimentando la luz de tu fe, sirviendo a tus hermanos y dejándote servir y amar por este Dios increíblemente sorprendente. Sorprendente porque ha venido a enamorarse de lo pequeño, de una criatura frágil y pequeña y, a la vez, enormemente digna y grande como tú.