Evangelio del día 29 noviembre 2025 (Estad despiertos en todo tiempo)

Evangelio y Reflexión

EVANGELIO (Lucas 21, 34-36)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones».

Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

 

 

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

Hoy, sábado de la semana 34 del Tiempo Ordinario, es el último día del año litúrgico. Mañana se iniciará un nuevo ciclo litúrgico. Y lo haremos inaugurando el tiempo de Adviento, tiempo de preparación para la Navidad. Y el texto de hoy nos presenta la última parte del llamado “discurso escatológico de Jesús” según Lucas. Un discurso con un tono y un estilo un tanto dramático, pero que recoge unas palabras que quieren que tú fijes la mirada en la venida de Jesús. Un texto que te anima a que vivas vigilante, expectante, preparado para acoger al Señor en tu vida.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, en su discurso, como ya he anticipado, Jesús llama tu atención para que estés vigilante. Y lo hace, no de una manera ingenua, beata. No, sino con toda concreción: “Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día”. Ciertamente, estas palabras hacen referencia a la segunda venida del Señor, que no sabemos cuándo será y que el texto dice que caerá “como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra”. Pero,  al mismo tiempo, hacen alusión a la venida continua del Señor, porque Jesús viene siempre a ti, continuamente a tu corazón. Y, sin embargo, te encuentra así: enredado en mil bajezas, preocupaciones y agobios que, día tras día, te van despistando, haciéndote olvidadizo de lo esencial. Por eso, cuidado con juergas, borracheras y, podíamos añadir, cuidado con el bienestar, la búsqueda de lo superficial, del éxito y del dinero. Todo ello, te dice hoy Jesús, amodorra tu corazón, lo embota, lo deja incapaz de entregarse con fuerza a él y a los demás. Todo esto impide verdaderamente amar y servir.

Párate un momento. Mira tu corazón. ¿Se encuentra libre para Dios o está adormilado, embotado, incluso enredado en inquietudes y pobrezas?

En segundo lugar, hay un detalle en el texto que puede pasar desapercibido. Dice Jesús a continuación: “Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre”. Ese “pidiendo” es en realidad “rogando, orando”. Jesús conoce bien tu corazón. Sabe bien que tus fuerzas son muy pobres, que tu voluntad y tus propósitos no son suficientes. Así se lo dijo a sus discípulos en el huerto, junto antes de su pasión: “Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Solo puedes escapar de ese embotamiento o adormilamiento del corazón, solo puedes mantenerte en pie ante el Hijo del hombre, si pides, si ruegas, si oras. Solo en la oración hallarás la fuerza para ser fiel a Dios, para amar a fondo perdido, para servir a los hermanos, para no perderte en redes de muerte.

Por eso, pregúntate: ¿cómo es tu vida de oración? ¿Por qué no te propones hoy, aquí y ahora, buscar algunos momentos más de oración para cultivar esos momentos de “estar de pie ante el hijo del hombre”, compartiendo cara a cara con él, dialogando, dejándote mirar y amar por el Señor?

En tercer lugar, como he dicho al inicio, hoy es el último día del año litúrgico.

Por eso, quizá puedas hacer balance de este año pasado y preguntarte antes de iniciar el Adviento: ¿este año he sido mejor que el anterior? ¿Mi fe es más robusta? ¿He amado y servido más y mejor a mis hermanos?

Sean cuales sean tus respuestas, pídele al Señor con sinceridad que te ayude a vivir un nuevo año litúrgico y, concretamente, el nuevo tiempo de Adviento que iniciamos mañana, con más fe, con más esperanza, con más amor, de modo que cuando venga el Señor puedas tener el corazón preparado para acogerlo con calor y amor.

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve a permanecer vigilante, a no adormilarte, a no permitir que tu corazón se embote. Y que te ayude también a entender que esto solo es posible con una vida de oración más profunda, en un encuentro cada vez más concreto y más cercano con el Señor.

ORACIÓN

Jesús mío, me miro y me veo muy envuelto en cosas que embotan mi corazón. Quiero cuidarme, pero veo que pasa el tiempo y que sigo igual que siempre. Por eso hoy, con toda humildad, te pido tu fuerza y tu gracia. Atráeme hacia ti con lazos de amor, para que pueda vivir amándote más a ti y a mis hermanos.

Botón volver arriba