
Evangelio del día 7 septiembre 2026 (¿Qué está permitido hacer en sábado?)
Lunes de la 23ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Lucas 6, 6-11)
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada: «Levántate y ponte en medio». Y, levantándose, se quedó en pie.
«Jesús le dijo: ‘Extiende tu mano’».
Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?». Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo: «Extiende tu mano». Él lo hizo y su mano quedó restablecida. Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
En el evangelio de hoy vemos a Jesús en la sinagoga rodeado de escribas y fariseos, siempre críticos con él, y un hombre que tiene la mano paralizada. Jesús lo pone en medio y les hace una pregunta que parecería básica: “¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal?, ¿salvar una vida o destruirla?”. Lo que nos deja sin palabras es que ellos se quedaron callados. Es más, se llenaron de ira porque Jesús sanó a esta persona en sábado. Una persona que había estado tanto tiempo sufriendo una parálisis, seguramente lleno de complejos, de sufrimiento, de frustración por no poder realizar ningún trabajo.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, mira a Jesús. Él es el mismo rostro de Dios, que dice las palabras de Dios, que hace las acciones y las obras de Dios. Él pasa por la vida haciendo el bien. Atraviesa los caminos abrazando, curando, acariciando. Ver a Jesús es ver a Dios. Por tanto, tu Dios es un Dios Padre bueno y misericordioso, cuya preocupación permanente es tu bien, tu sanación, tu salvación, no vigilarte ni condenarte. Lo has escuchado alguna vez con esa famosa frase de San Ireneo: “La gloria de Dios es que el hombre viva”, es decir, que el hombre viva feliz y viva pleno.
¿Es también tu preocupación permanente buscar el bien de los demás, pensar bien de ellos, salvar siempre al otro?
En segundo lugar, queda claro que Jesús siempre pone por delante a la persona, por encima de cualquier otra consideración. Como ya hemos dicho en diversas ocasiones, los judíos tenían tres elementos que eran absolutamente sagrados para ellos: uno era el templo, el otro la ley y el otro el sábado. Y sabemos que este sábado era, no solo sagrado para el culto, sino que no podía hacerse ningún trabajo ni ningún ejercicio importante, ni siquiera sanar. En otro lugar del evangelio, Jesús dice: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. Es decir, es sábado, pero Jesús tiene claro que por delante de eso está salvar y sanar a la persona. Dios, antes que juzgar, antes que condenar, antes que imponer normas, antes que cualquier otra cosa, lo que hace con sus hijos es buscar su bien, su felicidad y salvar siempre.
¿Sientes este amor de Dios o, por el contrario, vives bajo el peso de las normas?
En tercer lugar, creo que no somos muy diferentes a estos escribas y fariseos, que se llenaron de cólera porque Jesús infringió el sábado para sanar a ese pobre hombre. A ti también te ocurre. Por encima del bien de los demás, pones muchas veces otras consideraciones: la ley, la norma, “esto no puede ser”… Esta actitud, y no otra cosa, es lo que te deja a ti las manos verdaderamente paralizadas, y también lo que verdaderamente enfada a Jesús. Sorprendentemente, el evangelio nos presenta a Jesús con una mirada de ira y dolido por la dureza de corazón de estos escribas y fariseos, incapaces de ver y de entender que Dios quiere siempre el bien de la persona, por encima de todo. Por eso hoy necesitas que Jesús te diga a ti: “Extiende tus manos”. Y extiéndelas para acoger a los demás, también en su debilidad y pecado. Extiende tus manos para buscar su bien y su felicidad, para acogerlos y no rechazarlos ni juzgarlos.
Pregúntate: ¿vives tú también a menudo ocupado en críticas y juicios hacia los demás?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te lleve a vivir tu día a día con palabras y acciones siempre dirigidas al bien de las personas, por encima de cualquier otra consideración.
ORACIÓN
Señor Jesús, mis manos a menudo están paralizadas: cada vez que no abrazo a mis hermanos, cada vez que les juzgo, cada vez que me creo mejor que ellos. Haz que extienda las manos para acoger a todos como son, porque así me quieres tú también a mí: con una aceptación, una incondicionalidad y un amor increíbles.