Evangelio del día 23 junio 2026 (Lo que deseáis de los demás, hacedlo vosotros)

Martes de la 12ª Semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO (Mateo 7, 6. 12-14)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros. Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.

«Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición».

Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

En el evangelio de hoy, Jesús nos ofrece tres sentencias diferentes que hablan de prudencia en la misión, de amor desinteresado a los hermanos y de exigencia en el seguimiento de Cristo. Tres claves para seguir a Jesús más de cerca.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Mateo, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, la primera sentencia de Jesús no deja de ser sorprendente: “No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos”. Hay que recordar que perros y cerdos eran en tiempos de Jesús, para los judíos, impuros, despreciables. Jesús está haciendo referencia a que lo santo es esa Buena Noticia del Evangelio, que no puede darse de mala manera a cualquiera. Los perros o cerdos serían imagen de aquellos que están completamente cerrados a Dios, esos cínicos que ridiculizan a los creyentes. La referencia a que “pisotearán las perlas con sus patas y después se volverán para destrozaros” hace referencia a su actitud de desprecio y de burla. Por tanto, estas palabras son un consejo de Jesús para que tengas prudencia pastoral, es decir, para que seas fino en la evangelización. No se trata de que tu experiencia de Dios, lo más sagrado que hay en ti, tu fe en Cristo Jesús, la compartas con los demás en cualquier momento y de cualquier manera, como un exabrupto, en un momento de broma o de indignación, puesto que fácilmente puede caer como un jarro de agua fría o, lo que es peor, trivializarse o ridiculizarse. Es importante que busques el destinatario, el lugar y el momento oportuno para hablar del Señor, de modo que eso que es santo, sagrado, eso que es vital para ti, pueda ser acogido y recibido con interés, cariño, respeto e, incluso, admiración. Se trata de ser prudente y delicado para anunciar lo más bello y valioso: Jesús y su Buena Noticia. Ocurre lo mismo con otras cosas más cotidianas de la vida. Imagino que tampoco hablas de cualquier manera de lo que significa para ti tu madre o tus hijos, o de ese momento maravilloso en que encontraste a la mujer o al hombre de tu vida, sino que lo reservas para un momento de encuentro y de escucha, de acogida verdadera. Está claro, por tanto, que lo más importante de la vida hay que protegerlo del ridículo y de la sorna y hacer lo imposible por que se reciba con el cariño y el respeto que merece, ¿no crees?

En segundo lugar, Jesús nos regala otra sentencia preciosa: “Todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos”. Se trata de la conocida “regla de oro”, presente también en otras culturas y religiones, y que tiene también una forma negativa: “no hagas a los demás lo que no quieras que ellos hagan contigo”. Jesús añade, además, que esta ley contiene toda la Ley y los Profetas, es decir, que es esa norma moral básica revelada por Dios. A primera vista, puede parecer una norma interesada, incluso demasiado básica, pero, en relación con el mandato de amor al prójimo, incluso al enemigo, queda  transfigurada. Se trata de que actúes con los demás con ese cariño con que te gusta que te traten, con esa misma benevolencia, compasión y comprensión, con esa simpatía y afabilidad, con solidaridad, con perdón, agradecimiento y alegría, haciendo sentir a las personas valiosas y talentosas. ¿No es eso lo que más deseas tú para ti?

Pregúntate: ¿actúas así tú con tus hermanos?

En tercer lugar, tiene Jesús ahora una tercera sentencia bastante dura: “Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos”. No son palabras intransigentes o de condena por parte de Jesús, pero sí una llamada a que entiendas que él, Jesús, es la puerta, como dice en otro lugar, y que entrar por esa puerta, seguir al Señor, exige esfuerzo, lucha, sobreponerse a eso que el mundo te ofrece como genial, ir más allá de esa inercia de la sociedad que al final lleva a vivir una vida insípida, egoísta y superficial. Claro que esa salvación que Dios nos ofrece, su alegría, su felicidad, su paz, son dones gratuitos, y que no todo está en nuestras manos y nuestro esfuerzo, pero hay que saber recibirlo, acogerlo, trabajarlo, es don y tarea. Y no, no da lo mismo ocho que ochenta, no es lo mismo hacer el bien que el mal. No es lo mismo llevar una vida buena que mala. Y es muy fácil dejarse arrastrar por ese espacioso camino de perdición, de ese bienestar superficial, del egoísmo, de la sensualidad, donde lo importante es tener muchas experiencias y mucha diversión, pero que no deja espacio para la interioridad, para el cuidado de las personas, para el compartir y la solidaridad con los últimos. Entra por la puerta estrecha de Jesús, porque esa puerta te abrirá a una realidad infinita, a unos horizontes sin fin, a unos espacios enormes de alegría y paz verdaderas.

Párate y pregúntate: ¿te dejas arrastrar fácilmente por las cosas de este mundo, por lo trivial, por lo superficial?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve a anunciar a Jesús entre los tuyos, a compartir esas perlas de la fe que él te ha regalado y a tratar a los demás con el amor y el cariño que tú requerirías para ti. Y hazlo caminando por los caminos del Señor, entrando por su puerta, que a veces puede resultar complicado, pero que finalmente te abrirá a una realidad de alegría y de paz eternas.

ORACIÓN

Señor Jesús, muy a menudo me avergüenzo de ti y raramente hablo de ti ante los que me rodean. Y se me cuela el egoísmo y la superficialidad. Dame tu gracia para que pueda entrar por la puerta que eres tú y caminar por tus caminos amando y sirviendo.

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