
Evangelio del día 16 junio 2025 (Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra)
Lunes de la 11ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Mateo 5, 38-42)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia.
«No hagáis frente al que os agravia».
Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy continúa el discurso en que Jesús declara su nueva ley, una nueva justicia, un nuevo modo de ser. Un texto atravesado por la lógica de un amor radical en el que esa antigua ley halla nueva luz y es llevada a su plenitud en el amor. El discurso, como ya hemos recordado, cuenta con seis temas en forma de antítesis. Jesús ya ha abordado cuatro: el homicidio, el adulterio, el divorcio y el juramento. Hoy dedicará sus palabras a un tema vital: la venganza.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Mateo, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero centrar mi mirada en esas primeras palabras de Jesús: “Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’”. Jesús está haciendo alusión a la famosa ley del talión. Una ley presente ya en códigos de hace casi 4000 años, y que también recogía la ley judía en algunos libros del Pentateuco: “Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente”. Dicho de otra manera, puedes vengarte en la medida en que has sido ofendido. Hoy lo decimos de otro modo: «Pagar con la misma moneda», “quien la hace, la paga”. Es obvio que en el corazón humano habita, como consecuencia del pecado, un movimiento básico de responder al mal con mal. Y, de hecho, seguramente esta sea tu experiencia. A quien te ha tratado o hecho algún mal, has respondido con malas palabras (malos modos, tonos despectivos, críticas, juicios), con acciones feas (desprecios, malas jugadas) o con deseos bajos (desear que a otro no le vaya bien o alegrarse de algún modo por desgracias ajenas).
Párate un momento: ¿ha habido o hay alguna de estas bajezas en tu corazón?
En segundo lugar, quiero detenerme en la respuesta de Jesús a este movimiento que, por otro lado, nos parece tan básico y natural. El Señor marca un ideal increíble y lo concreta en cuatro ejemplos de la vida cotidiana: “Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas”. Son solo ejemplos, pero Jesús quiere abarcar tu vida entera. Él te está diciendo: «Nada de revanchas ni de venganzas, nada de enredarte en espirales de violencia, nada de lógicas de intercambio o de cálculo, nada de guardar rencores y devolver heridas; pon en tu corazón perdón, gratuidad, generosidad, dadivosidad”.
Y pregúntate: ¿te ves capaz de vivir, aunque sea mínimamente, esta ley de la abundancia del amor y del perdón que te ofrece Jesús, de este amar y olvidar a fondo perdido, más allá de toda lógica de cálculos, amores interesados y rencores?
En tercer lugar, en este discurso estamos viendo que Jesús ha concretado esas palabras que dijo al inicio: “Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Frente a escribas y fariseos, que eran cumplidores y observadores de la ley, Jesús está marcando una y otra vez una nueva vía: un amor que nunca es suficiente, que ha de ser gratuito, incondicional, llevado hasta el extremo y que no entiende de lógicas de cálculo y de cumplimiento, sino de entrega y de darlo todo. Esta es la justicia mayor de la que ha hablado Jesús y que aplica ahora a la venganza. Una conocida sentencia dice: “Devolver mal por bien es diabólico; devolver bien por bien es humano; devolver bien por mal es divino». Pues bien, las palabras de Jesús te piden que devuelvas bien por mal, es decir, que vivas al estilo de Dios, que siempre devuelve siempre bien por mal, que no lleva cuenta de nuestras faltas, de nuestros desprecios y olvidos, de nuestras maldades y bajezas. Y este actuar al modo de Dios no se quedará en una mera idea o en un sentimiento muy íntimo. Este movimiento de perdón y de no-violencia, de olvido de toda venganza constituye la verdadera libertad y felicidad, la paz y la alegría más concretas. Quien se enrede en el rencor y en la venganza, nunca será libre y feliz. Por el contrario, cuando con la fuerza de Dios estás dispuesto a devolver bien por mal, entonces sientes que tu corazón se libera de las cadenas del desamor, del egoísmo, del rencor y del odio, y entra en ti una paz que es de Dios.
¿Estás dispuesto a vivir de este modo, a aceptar el reto de Jesús de devolver bien por mal, de olvidar los males que te han causado, de dar amor incluso a aquellos que no lo merecen o no te corresponden?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio transforme tu corazón y te haga entrar con Jesús en esa lógica del amor que no lleva cuentas del mal, que es libre y feliz porque perdona, porque está libre de venganzas, de rencores y de odios.
ORACIÓN
Señor Jesús, tus palabras son impactantes y me parecen casi imposibles de cumplir. ¡Se me cuela tantas veces esa lógica humana de devolver bien por bien y mal por mal! Hoy, Señor, te pido que me ayudes, de modo que pueda vivir amando y devolviendo bien por mal.