
Evangelio del día 14 junio 2025 (No juréis en absoluto)
Sábado de la 10ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Mateo 5, 33-37)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios;
«Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no».
ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy continúa el discurso en que Jesús declara su nueva ley. Una nueva justicia. Un nuevo modo de vivir. Un texto atravesado por la lógica de un amor radical en el que la antigua ley halla nueva luz y es llevada a su plenitud en el amor. El discurso cuenta con seis antítesis al estilo de «Habéis oído que se os dijo, pero yo os digo«. A través de ellas va desgranando puntos clave de la ley judía, y marcando una nueva orientación. Ya ha abordado tres temas de la nueva ley: «No matarás«, “No cometerás adulterio” y “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio«. Hoy dirigirá su mirada a la cuestión del juramento.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Mateo, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero seguir insistiendo en que Jesús, en este discurso, está hablando siempre del ideal, de la radicalidad en el amor. No es suficiente con no matar, hay que amar y cuidar al hermano. No es suficiente con no adulterar, hay que tener una mirada pura, limpia. No basta con no repudiar a la mujer, hay que amarla y protegerla con toda el alma. En todas las cuestiones que abordará Jesús aquí, y no solo aquí, sino en todo el evangelio, nunca se queda en la superficie, en lo anecdótico, en lo secundario, sino que va a la raíz, a lo profundo, al corazón. Y por eso Jesús no se detiene en la letra de la ley, en los preceptos, sino que va directo al espíritu de la ley, al alma de la ley que es el amor. Un amor que nunca será laxismo, un amor flojo que no entiende de pecado, sino un amor que siempre es más exigente, que te pide más entrega, más generosidad, más compromiso, más autenticidad, más servicio.
Mírate a ti: ¿cómo es tu vida de fe? ¿Te mantienes en lo superficial, en una vivencia básica, un tanto cumplidora, o vives desde lo profundo tu compromiso con Dios y con los hermanos en el amor, poniendo en juego no solo algo de tu mente y creencias, sino de tu voluntad, de tu fuerza, de tu tiempo, de tu corazón?
En segundo lugar, quiero ahora fijarme en el tema central del evangelio de hoy: el juramento. Jesús, como he dicho, continúa en este texto con esa radicalidad, ese dirigir la mirada al corazón, que en definitiva es atender al designio original de Dios, a eso que Dios sueña para nosotros. Y dice hoy el Señor: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: ‘No jurarás en falso’ y ‘Cumplirás tus juramentos al Señor’, pero yo os digo que no juréis en absoluto”. Y lo dice Jesús con toda seriedad, hasta el punto de que concluye con una frase fuerte: “Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. ¿Pero cuál es el motivo para que Jesús se ponga tan serio con este asunto? Primeramente, está claro, como dice la ley judía, que no se puede “perjurar”, es decir, jurar en falso. Y así lo dice Jesús citando la ley judía: “No jurarás en falso”, lo cual se recoge en nuestro octavo mandamiento: “No dirás falsos testimonios ni mentirás”. En esto no hay duda: mentir es pecado, rompe la palabra de aquel que miente, pero también rompe la relación y la confianza con los hermanos. Pero aparte del perjurio, de este jurar en falso, Jesús también entiende que jurar es poner a Dios como testigo. Por eso dice: “No juréis ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey”. Estas palabras de Jesús tienen sentido en ese segundo mandamiento que dice: “No tomarás el nombre de Dios en vano”. No es posible que algo tan grande como Dios, como nuestro Padre, lo que más queremos y el que más nos quiere, lo traigamos a nuestras conversaciones con esa trivialidad, a conversaciones muchas veces llenas de mentiras y de intereses. Hacer esto es banalizar a Dios, quitarle peso e, incluso, trivializarlo. A Dios tráelo a tus labios y a tu corazón para alabarle, para bendecirle, para darle gracias, para adorarle, pero no para justificar tus bajos intereses. Quedan así claras dos cosas: que Jesús condena jurar falsamente y también jurar poniendo a Dios por testigo.
Pregúntate: ¿tienes la costumbre de jurar por Dios? ¿Has jurado en ocasiones falsamente?
En tercer lugar, quiero traer aquí una conocida frase de un teólogo del siglo XX llamado Dietrich Bonhoeffer. Dice: “Los cristianos nos hemos acostumbrado a una obediencia complicada”. Aunque Jesús es clarísimo en este texto sobre el juramento, oímos a pastores y teólogos decir que sí hay juramentos permitidos cuando se hacen en verdad y ante Dios y no sé cuántas cosas más. Pero Jesús en este texto no dice solo “No jures falsamente« o “Cumple tus mandamientos” o “No jures por Dios«. Eso es lo que decía la ley judía. Jesús va mucho más allá. Dice nítidamente: “No jures en absoluto; que tu hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno”. Y aquí se entiende esa frase que he citado al inicio. Tenemos una obediencia complicada. Hay que obedecer estas palabras de Jesús sin complicaciones, porque no ofrecen dudas: no hay que jurar en absoluto. Pero ¿por qué Jesús es tan radical? Porque en la base del juramento hay una sospecha de falsedad, como si lo cotidiano en tu vida fuese la mentira o medio mentira y solo en el juramento aseguraras la verdad. El juramento no solo es un peligro porque hay cosas que ni siquiera podemos asegurar con certeza, sino porque pone en tela de juicio la credibilidad. Y por eso se dice «Júramelo”, como diciendo «No me fío de ti, así que asegúramelo, júramelo o no te creo”. El juramento, por tanto, pone en cuestión que yo viva en la verdad, rompe en dos mi palabra, me hace sospechoso de mentira. Por eso se entiende que Jesús diga: «Que tu hablar sea sí, sí, no, no”. Jesús te está diciendo: «Sé una persona fiable, vive en la verdad, sé creíble por tu buen corazón y buenas intenciones, que tu palabra sea íntegra”. ¿Por qué vas a tener que jurar por Dios, por tu madre, por tus hijos, por tus muertos, por lo que más quieres, si basta tu sí, tu palabra, porque eres una persona de una pieza, creíble, un hombre, una mujer de palabra? Por eso, vive en la verdad y el juramento te sobrará.
Ahora pregúntate: ¿eres una persona creíble, sincera, digna de fe? ¿Vives en la verdad?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te lleve a vivir en esta verdad de Dios, a huir de toda ambigüedad, doblez y mentira, a evitar toda clase de juramento, y a acoger esta invitación de Jesús a vivir el amor y la autenticidad de un modo radical.
ORACIÓN
Señor Jesús, hoy te pido perdón por mis mentiras, porque en ocasiones mi palabra no es sincera, es interesada o ambigua. Tu palabra es verdad, tú eres digno de fe. Haz que yo, discípulo tuyo, que quiero seguirte de cerca, sea capaz de fijarme en tu palabra, tu sinceridad y tu fidelidad para parecerme cada vez más a ti.