
Evangelio del día 17 febrero 2025 (Pidieron a Jesús un signo del cielo)
Evangelio y Reflexión
EVANGELIO
Lunes de la 6ª Semana del Tiempo Ordinario
(Marcos 8, 11-13)
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
«No se le dará un signo a esta generación».
«¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy nos presenta a un Jesús rodeado de fariseos. Unos fariseos que discuten con él, que lo ponen a prueba y que le piden un signo del cielo. Jesús, suspirando, muestra un gran disgusto. Si Jesús no accede a concederle este signo y se molesta es porque estos fariseos, tan duchos en la ley, son incapaces de darse cuenta de que el verdadero signo es él, Jesús, el Hijo de Dios encarnado.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Marcos, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, vemos que los fariseos ponen a prueba a Jesús. Lo hacen pidiéndole un signo, un milagro, un hecho prodigioso, de la misma manera que el pueblo de Israel en el desierto, que tentaba a Dios pidiéndole signos. Mucha gente ha sido ya testigo de las obras maravillosas que realiza Jesús y estos fariseos ahora quieren verlo con sus propios ojos. Esta búsqueda insana del “milagro fácil” perseguirá a Jesús toda su vida: el diablo durante las tentaciones pide a Jesús que convierta las piedras en panes; antes de su pasión, tras ser Jesús prendido, nos dice el evangelio que Herodes se puso muy contento al verlo, pues esperaba verle hacer algún milagro; incluso ya en su final, durante la crucifixión, le tentarán en este mismo sentido, diciéndole: “sálvate a ti mismo bajando de la cruz”. Sin embargo, Jesús insiste en diversas ocasiones en que la clave no está en lo prodigioso, que los milagros son solo flechas, indicadores de algo mayor. Si alguien apunta a la luna, solo el necio se queda mirando al dedo. Lo importante es el destino: la luna.
¿Tú también tientas a Dios pidiéndole signos? ¿También tú te pierdes a veces en lo espectacular, en lo milagroso, en lo superficial, en lo anecdótico, en lo fácil? ¿Estás dispuesto a seguir a Jesús en lo cotidiano, en lo discreto, incluso en la prueba?
En segundo lugar, conviene insistir en cuál es el verdadero y definitivo signo. Hay un texto del Evangelio que lo aclara. En ese texto, dice Jesús a los fariseos: “El reino de Dios no vendrá escrutando signos, portentosamente, aparatosamente; mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros”. Con estas palabras Jesús estaría diciendo: “El reino no viene por hechos prodigiosos; el reino soy yo; yo soy Dios reinando entre vosotros; mi palabra es la Palabra de Dios que os salva. La clave, por tanto, está en Jesús. El gran signo, el signo definitivo, por tanto, es Jesús, su persona. En el evangelio de hoy Jesús suspira profundamente y se pregunta por qué esa generación reclama un signo porque, pidiendo signos, están perdiendo de vista que lo central es él y que, en él, Dios se ha acercado a su pueblo, que Dios ha querido ser nuestro para siempre. Jesús, lo digo una vez más, es el signo definitivo de Dios. Quien le ve a él, ve al Padre y no hay signo mayor, porque en Él se nos muestra todo el amor y todo el poder de Dios. Si no reconoces que en él se te ha dado ya todo, cualquier otro signo será para ti innecesario, incluso contraproducente.
¿Tu corazón está puesto en los favores que Dios te puede conceder o en una relación personal y cercana, en un trato de amistad con Jesús, el Hijo de Dios?
En tercer lugar, es importante que hoy tomes conciencia de esto: que, junto al gran signo de Jesús, los milagros los tienes ante tus ojos: en tu vida, que es un regalo de Dios; en tu fe, también don de Dios; en cada gesto bueno, en cada amanecer, en otros mil guiños que Dios te brinda. Es importante que reconozcas estos pequeños signos de Dios, esa presencia discreta de Jesús en tu día a día.
Incluso hoy puedes recordar también esos otros momentos en que Dios ha obrado signos especialmente llamativos, milagros, en ti: esa ocasión en que sentiste fuerte su presencia y su acción, una protección o bendición especial. Dale gracias de corazón y bendícele con tu vida.
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio te lleve a reconocer que el gran milagro de Dios ya se te ha dado: Jesús, que camina contigo, te fortalece y te sostiene. Y que reconozcas también, al mismo tiempo, esos signos de su amor y de su presencia en tu vida.
ORACIÓN
Señor Jesús, siento tu presencia en mí, también tu amor y tu protección. Tú has obrado mil milagros en mi vida, de manera discreta, pero también, en ocasiones, signos llamativos, incluso cruciales. Por eso, te doy gracias y te bendigo. Eres maravilloso. Gracias por tanto, Señor.