Evangelio del día 17 enero 2026 (No necesitan médico los sanos, sino los enfermos)

Sábado de la 1ª Semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO (Marcos 2, 13-17)

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: «Sígueme». Se levantó y lo siguió. Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían.

«Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: ‘Sígueme’. Se levantó y lo siguió».

Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?». Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

 

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy nos presenta la llamada de Leví, es decir, de Mateo, por parte del Señor. Llama la atención que Jesús, no solo se acerca a un publicano como Mateo, tan mal considerado, sino que lo llama para que sea discípulo suyo. El Señor nos lo dirá hoy: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto evangelio de Marcos, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, quiero que fijes la mirada en Mateo. Como ya hemos anticipado, Mateo era un publicano, es decir, un recaudador de impuestos. Y los publicanos eran para el pueblo judío despreciables, colaboradores de los invasores, es decir, del Imperio Romano, recaudando impuestos para ellos. Eran también odiados por su falta de escrúpulos. Primero, porque tomaban acciones contra los morosos, y podemos imaginar que los más perjudicados eran los pobres, que perdían con ello lo poco que tenían. Pero también porque podían cobrar prácticamente lo que quisieran, es decir, eran tomados por ladrones. Por si fuera poco, para los judíos eran también impuros por todos estos motivos que hemos apuntado.

Mírate ahora a ti. Toma conciencia de tu pecado, de tus errores, de tus debilidades, de todas las ocasiones en que, con tus palabras y acciones, has escandalizado. Aun en esta situación de tu indigencia, Jesús no quiere rehuirte. Al contrario, quiere hacerse el encontradizo contigo. ¿Te vas a dejar, aun en tu pecado, encontrar por él?

En segundo lugar, con esta llamada de Mateo, el publicano, el impuro, Jesús muestra que su prioridad no son los justos, sino los pecadores. Y lo dirá claramente en el evangelio: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos”. Así pone de nuevo el foco en la misericordia y en la cercanía con los perdidos. Jesús no se aleja de los impuros, sino de los que se creen puros. Jesús no sale al encuentro de los que se creen salvados por sí mismos, sino de los que necesitan la salvación de Dios. Jesús no busca a los que se sienten ricos, sino a los que, indigentes, lo esperan todo de él. A lo largo del evangelio, Jesús no aparece indignado ante los pecadores, a los que perdona y sana y urge a la conversión, sino ante los hipócritas que se creen mejores que los demás y juzgan severamente.

¿Te sientes necesitado de Dios? ¿Te sientes enfermo que necesita la salud y al médico de los médicos, que es Jesús?

En tercer lugar, quiero que, como Mateo, te dejes tocar el corazón por Jesús, te dejes transformar, convertir. Fíjate en Mateo de nuevo. Recibe la mirada de Jesús, que le dice: “Sígueme. ¿Qué debió sentir Mateo al ver los ojos del Hijo de Dios fijos en los suyos, contando con él para anunciar la Buena Noticia? Pensaría Mateo: ¿Yo? ¡Pero si soy indigno, pero si soy lo peor, pero si todo el mundo me odia!”. Pero también hay algo cierto: que Mateo se dejó transformar. El ladrón, el vendido a los romanos, se convirtió en el Mateo discípulo, apóstol y evangelista. Hoy, mirando a Mateo, puedes renovar la llamada que te hace también Jesús a ti. Hoy te dice como a él: ¡Sígueme! ¡Levántate tú también de tu mesa de impuestos, levántate de la comodidad de tus cosas y libérate de esas ataduras que te impiden seguirme con más fuerza!”. Como Mateo, síguele con presteza y llénate de la vida del Hijo de Dios.

¿Estás dispuesto? 

CONCLUSIÓN

Pues que hoy, interpelado por este evangelio, te dejes encontrar por Jesús, que te dice: “Sígueme”. Y, levantándote de tus pecados y de todo aquello que te quita la vida, abras tu corazón al Señor Jesús, que puede verdaderamente sanar la enfermedad que te aflige: ese tedio, ese egoísmo, ese sinsentido o esa desesperanza.

ORACIÓN

Señor Jesús, aquí me tienes ante ti. Soy muy pobre, muy pecador. Muchas veces me he perdido en mil mesas de impuestos, que me han impedido levantar los ojos hacia ti. Llámame, levántame, dame fuerzas para seguirte, para ser testigo tuyo.

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