Evangelio del día 26 noviembre 2025 (Os echarán mano, os perseguirán)

Miércoles de la 34ª Semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO (Lucas 21, 12-19)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

«Os echarán mano, os perseguirán, por causa de mi nombre».

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy, con ese mismo tono apocalíptico de ayer, propio de esta última semana del año litúrgico, continúa el llamado “discurso escatológico de Jesús”, que anticipa hoy que nosotros, sus seguidores, seremos perseguidos y odiados incluso por nuestros parientes. Pero nada podrá con nosotros. Dirá Jesús: “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, Jesús presenta la persecución de sus discípulos como señal precursora de la manifestación del Reino. El mundo de lo superficial no aguanta la hondura del Evangelio y de sus seguidores. La mentira que nos rodea no soporta la Verdad. Jesús fue duramente perseguido. Sus seguidores lo seremos también. Así lo dice en muchos otros lugares: “Un discípulo no es más que su maestro; si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!”, “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros”. Se hace así real la bienaventuranza anticipada por Jesús: “Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre”. La recompensa la anticipa también Jesús: “Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. Ser perseguido por causa suya te asemeja más y más a él.

¿Te has sentido tú ridiculizado, rechazado, incluso perseguido por ser cristiano y coherente con tu fe?

En segundo lugar, quiero que te fijes en estas palabras de Jesús: “Meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a la que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”. No son tus argumentos o razones los que resultarán creíbles o convincentes para los demás. Es el Espíritu Santo el que pone las palabras en tu boca. “No te dejaré solo”, dice Jesús. Tu fuerza, tus palabras, también tus obras, son la fuerza, las palabras y las obras de Jesús en ti. Con San Pablo puedes decir ciertamente decir: “No soy yo, es Cristo quien vive en mí’. Piensa un momento.

¿Sientes que Dios inspira tu vida, tus palabras y tus obras? ¿Le pides al Señor en tu oración que se haga presente en ti?

En tercer lugar, ya he aludido a esas expresiones de Jesús en el evangelio de hoy sobre la última letra o tilde de la ley, sobre esos preceptos menos importantes. Y esas expresiones pueden suscitar hoy una reflexión interesante sobre los detalles más pequeños. El amor y la fidelidad al amor de Dios y al prójimo se juega en el cuidado de los pequeños detalles, en esa fidelidad menuda, cotidiana, ordinaria: en una sonrisa, en un preguntar a alguien cómo está, en la compañía a alguien que está solo, en la amabilidad y ternura con los que te rodean... 

¿Cuidas tú esas letras o tildes de la ley del amor? ¿O, dicho de otro modo, cuidas el amor a tus hermanos en tu día a día y en lo pequeño?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio de hoy sea fuerza para ti en la incomprensión, incluso en la persecución por tu condición de discípulo de Cristo. Que, como los grandes santos y mártires, des testimonio en tu vida del amor y la gracia de Jesús. Y no dejes de pedir al Espíritu Santo que ponga en tu boca palabras de vida y en tus manos la sanación y las caricias de Dios.

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