
Evangelio del día 24 noviembre 2025 (Esa viuda ha echado todo lo que tenía para vivir)
Lunes de la 34ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Lucas 21, 1-4)
En aquel tiempo, alzando los ojos, vio Jesús a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo: «En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos,
«Ha echado todo lo que tenía para vivir».
porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy nos presenta a una viuda cuya pobreza y desprendimiento son elogiados por Jesús y puestos como ejemplo de religiosidad auténtica. Esta pobre viuda entrega a Dios todo lo que tiene para vivir. Frente a ella se encuentran todos aquellos que piensan solo en la apariencia, que egoístamente solo quieren acumular bienes y dar de lo que les sobra.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero indicar que el concepto de riqueza no se refiere únicamente al dinero. Uno puede ser muy rico de bienes y ser muy pobre en calidad humana o moral, o tener muy poca paz y alegría. Por el contrario, uno puede ser pobre de bienes y tener una riqueza personal y de alegría enormes. Con razón dice Jesús en ese capítulo 12 de Lucas tras la parábola del rico insensato: “Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios”. Jesús te está diciendo que de lo que se trata es de ser rico ante Dios. Y para ello es vital no apegarse a las cosas, más aún, poner en ejercicio la generosidad y la solidaridad, especialmente con los más necesitados. Sé, por tanto, rico ante Dios.
¿Cuáles son tus riquezas? ¿Cuál entre todas ellas consideras la riqueza de tu vida? ¿Acumulas bienes en la tierra, o ante Dios?
En segundo lugar, podría decirte: no importa si tienes dinero, lo importante es el uso que hagas de esos bienes. Y es la verdad. Pero estaría cercenando el Evangelio, porque Jesús es mucho más drástico. Una y otra vez, a lo largo del evangelio, Jesús aparece con este tono y te advierte duramente que el dinero y la riqueza, el lujo y el confort, son peligros mortales, son una bomba de relojería. Y lo dice de muchos modos: “¡Qué difícil es que un rico entre en el reino de Dios! Os lo repito, ¡qué difícil es!”, “No podéis servir a Dios y al dinero”, “El hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”, “Bienaventurados los pobres”. Incluso añade: “Allí donde está tu tesoro, allí está tu corazón”.
Piensa qué quieres hacer con tu vida y con tus bienes. ¿Vas a dejarte arrastrar por este mundo que te dice: todo consiste en tener y consumir?
En tercer lugar, lo más importante es esto: que la clave de la vida no está en poseer y acumular, aunque un bienestar básico sea necesario. Solo es feliz quien vive solidariamente, dándose a Dios y al hermano, disfrutando de la libertad de quien no se va quedando pegado a los bienes, sino que pone su mirada en los bienes eternos, perennes, en esos que solo Dios puede dar. Y para ello hacen falta gestos reales, concretos, incluso drásticos de compromiso, generosidad y solidaridad.
¿Eres solidario con tus bienes o das únicamente, como esos ricos, de lo que te sobra?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio de hoy sea un recordatorio importante de que no vives para tener, acumular y gastar, sino para vivir. Y para vivir compartiendo, cuidando a otros, sirviendo y disfrutando de la libertad de quien tiene puesto sus ojos y su corazón, no en este mundo que pasa, sino en ese Dios Padre que quiere el bienestar de todos sus hijos, también de esos necesitados que tienes más cerca de lo que crees.
ORACIÓN
Señor Jesús, dame el don de compartir mis bienes con los demás. Muchas veces me pasa. El corazón se me pega a las cosas y persigo, aun sin querer, bienestar, imagen, comodidad. Haz que sea libre ante estas cosas, que no me falten ojos para ver que soy afortunado y que a mi alrededor hay muchos necesitados. Que sea generoso con ellos porque, como tú un día dijiste, hay más alegría en dar que en recibir.