Evangelio del día 13 noviembre 2025 (¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?)

Jueves de la 32ª Semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO (Lucas 17, 20-25)

En aquel tiempo, preguntaron los fariseos a Jesús: «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?». Él les contestó: «El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: “Está aquí” o “Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros». Dijo a sus discípulos: «Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis.

«Mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros».

Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación.

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy nos cuenta cómo en la época de Jesús existía una gran expectación. Los judíos contaban con una manifestación divina inminente y en su favor. De ahí que los fariseos planteen a Jesús: “¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?”. ¿Vendrá con fuerza espectacular y poder político y avasallador?

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Lucas, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, atendamos a esa pregunta que plantean los fariseos a Jesús: “¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?”. Jesús conoce lo que hay en su corazón. Esperan que Dios se muestre espectacular, deslumbrante, potente, incluso que infunda pavor en los enemigos de Israel. Esa era la esperanza judía. ¡Qué lástima! Jesús, sin embargo, les responde: “El reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: ‘Está aquí’ o ‘Está allí’”. El reino de Dios no es una cuestión de escrutar señales en el cielo esperando una aparición fulgurante de Dios. Simplemente porque Dios, y lo hemos visto en Jesús, no es así.

Y tú, ¿buscas a Dios en lo espectacular, en manifestaciones deslumbrantes o extrañas? Mírate a ti mismo: ¿tienes aires de grandeza?

En segundo lugar, quiero centrarme en lo esencial: la respuesta de Jesús, que dice: “Mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros”. Hay dos interpretaciones posibles para este texto. Una entendería que dice: “El reino de Dios está dentro de vosotros”, y la otra: “El reino de Dios está entre vosotros”. Y ambas contienen la verdad. El reino se hace presente dentro de ti cada vez que cumples la voluntad de Dios. Cada vez que amas a Dios en un hermano necesitado, cada vez que oras, cada vez que eres testigo del evangelio, Dios reina en ti. Por otra parte, ese reino de Dios “entre nosotros” se refiere a Jesús, a su persona y a su obra. Dios está reinando con Jesús entre nosotros. Jesús es el Reino de Dios. En él reina Dios con toda su fuerza. Y hoy este Jesús vivo sigue reinando en su Iglesia, en la comunidad de los creyentes, en nosotros, en ti. Sea como sea, Jesús insiste en lo pequeño. El reino no va a venir por una aparición estelar de Dios con mano fuerte. El reino se ha hecho presente en Jesús, en el Hijo de Dios que se ha hecho carne, que se ha hecho niño, que ha pasado por uno de tantos, que se ha hecho pequeño por amor. Y sus signos son cotidianos, aunque enormes. Lo dirá Jesús en otro lugar del evangelio: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, y los pobres son evangelizados”. Estos son los signos del reino de Dios. Dios se hace presente en lo pequeño, incluso en medio de la tribulación y de la prueba.

Piensa un momento: ¿de qué manera en lo pequeño se hace presente el reino en ti? ¿En tu sonrisa, en tus palabras, en qué obras? 

En tercer lugar,

hay que añadir algo más. Hemos anticipado que el reino de Dios se hace presente en la persona de Jesús y en sus obras, y ahora en nosotros, en su Iglesia, en ti, por medio de su Santo Espíritu. Pero el texto del evangelio que hemos leído exige también una verdad que confesamos en el credo: “De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin”. Sabemos por fe, aunque desconozcamos el día y la hora, que un día tendrá lugar la manifestación definitiva del Reino glorioso, la segunda venida de Cristo. Y este no es un mensaje de miedo o de pavor, sino de gran esperanza. El tiempo y la historia están en las manos de Jesús, nuestro Señor y amigo. Él, por su muerte y resurrección, ya ha triunfado y nosotros con él.

¿Crees de verdad que tu tiempo y tu historia están en las manos de Dios? ¿Crees de corazón que su reino no tendrá fin, que él ya ha triunfado, que te espera junto a él y los tuyos la vida eterna? 

CONCLUSIÓN

Pues que el evangelio de hoy te lleve a abandonar toda pretensión y afán de grandeza; te anime a hacer presente el reino de Dios en medio de tu vida, de tu cotidianidad, en cada gesto pequeño; y que este texto renueve también tu esperanza. Conoces el final de la película, sabes que se trata de un final feliz, te aguarda el amor y la vida sin límites.

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