
Evangelio del día 17 octubre 2026 (El Espíritu os enseñará lo que tenéis que decir)
Evangelio y Reflexión
EVANGELIO (Lucas 12, 8-12)
En aquel tiempo, dijo Jesús: os digo que todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios. Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
«El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».
Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy habla de la fidelidad del seguidor de Jesús en medio de la prueba. Nuestra toma de postura frente a Jesús, sobre todo en las dificultades y en el día a día, define nuestro ser y, también, nuestro destino último. Por eso es tan importante que, desde ya, vayamos haciéndonos uno con Jesús, acogiendo su Palabra, dejando que ésta nos transforme y sirviendo de corazón a los hermanos.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito del texto del evangelio que hoy nos ofrece Lucas, me gustaría compartir contigo tres puntos:
En primer lugar, Jesús nos dice: “El que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios”. El juicio de Dios, como anticipaba ya, se decide en nuestra relación con Jesús. No se trata de algo que pueda improvisarse en el último momento, ni algo que sobrevendrá de una manera arbitraria. A menudo se nos escapa este dato: ¿qué es la vida? No estamos arrojados a la existencia para pasar el rato. La vida es ese tiempo que Dios te ha regalado para que decidas quién quieres ser, para que te construyas, para que ejerzas tu libertad con Dios o frente a Dios, con tus hermanos o contra tus hermanos. Se trata de una opción fundamental.
¿Quieres vivir con Jesús y como Jesús? ¿Eliges el bien o, por el contrario, la doblez y la hipocresía? ¿Quieres vivir compartiendo o enredado en mil egoísmos?
Por eso dirá Jesús en otro lugar: “Quien no está conmigo está contra mí”. No lo dudes. Como dice el salmo: “Escoge la vida”, elige el bien, elige vivir siempre unido a Jesús.
En segundo lugar, encontramos un tema un tanto oscuro. Nos dice el texto: “Se perdonarán todos los pecados (incluso contra Jesús), pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no será perdonado”. Jesús cuenta con que habrá motivos, más o menos comprensibles, que harán que unos y otros no admitan su divinidad, por ejemplo. Ahí tenemos las negaciones de Pedro que, frente al miedo, desistió. Todos esos pecados serán perdonados. Pero el pecado contra el Espíritu Santo es diferente. Tiene que ver con lo que decíamos hace unos días, con esos que decían que Jesús estaba endemoniado, que su espíritu era el de Belzebú, príncipe de los demonios. Negar la manifestación extraordinaria del Espíritu de Dios en Cristo es de mala fe ante la evidencia, es ceguera total ante la luz de Dios, es rechazo de la presencia del Espíritu y de su gracia. Quien se encierra en esta obstinación, se excluye a sí mismo del perdón y de la vida. No consientas que tu ceguera acabe siendo total.
Y pregúntate: ¿cuáles son tus cegueras? ¿Reconoces la acción de Dios en tu vida y en la de tus hermanos? ¿A qué tienes que abrirte para que Dios se haga más presente en tu vida? ¿Qué cerrazones tienes que abandonar para acoger más y mejor la salvación de Dios?
En tercer lugar, Jesús nos dice: “No tengas miedo, el Espíritu Santo te enseñará lo que tienes que decir”. Jesús ha prometido a la Iglesia su asistencia infalible. De esto trata precisamente el dogma de la infalibilidad. Dios ha prometido que, por su Espíritu Santo, estará siempre con nosotros. En otro lugar nos dice Jesús: “No os dejaré solos”. El Espíritu de Cristo Resucitado sigue actuando en tu corazón, en su Iglesia, incluso más allá de todos los límites que podamos imaginar. Pero nuestro mundo necesita de personas como tú, personas que, llenas del Espíritu Santo, pongan su palabra y sus obras al servicio de Dios, que quiere derramar su gracia abundantemente.
¿Invocas al Espíritu? ¿Le pides su gracia y sus dones? ¿Adónde crees que te está llevando el Espíritu Santo? ¿Eres dócil a su voz?
CONCLUSIÓN
Pues ojalá que este texto te lleve a decidirte, sin reserva alguna, por Jesús, a vivir una vida de acuerdo a la voluntad de Dios, abierto siempre a la acción del Espíritu Santo, que pondrá en tu boca las palabras de Jesús, de compasión y de misericordia.