Evangelio del día 28 septiembre 2026 (El más pequeño es el más importante)

Lunes de la 26ª Semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO (Lucas 9, 46-50)

Se suscitó entre ellos una discusión sobre quién sería el más importante. Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».

«El más pequeño de vosotros es el más importante».

Entonces Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros». Jesús le respondió: «No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

El evangelio de hoy nos ofrece dos escenas. Por un lado, una discusión de los discípulos de Jesús: “¿Quién de nosotros es el más importante?”. Jesús les increpa, pero no con palabras, sino poniendo a un niño frente a ellos: “El más pequeño es en el Reino el más importante”. Y, por otro lado, una “denuncia” de los discípulos ante Jesús: “Alguien estaba haciendo milagros en tu nombre y no es de los nuestros”. El afán de poder y de exclusividad, contrario a los valores del Reino, estará siempre sobrevolando el pensamiento de estos escogidos de Jesús que son, sin embargo, tan duros de entendimiento.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de estas dos escenas, me gustaría compartir contigo tres pensamientos:

En primer lugar, los discípulos no entienden las palabras de Jesús, no acaban de acoger su enseñanza y hacerla vida. Hoy aparecen discutiendo por el camino quién es el más importante, algo completamente opuesto a lo que el Señor les ha intentado transmitir en mil ocasiones y de mil modos: “El que quiera ser primero, sea último y servidor de todos”; “Quien se enaltece será humillado y quien se humilla será enaltecido”; “Muchos últimos serán primeros”; “Vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros”.

¿Te cuesta también a ti hacer vida las palabras de Jesús? ¿Se te cuela muchas veces el afán de ser importante, incluso de creerte mejor que los demás? ¿O haces un verdadero esfuerzo por servir a fondo perdido, incluso por pasar desapercibido?

En segundo lugar, vemos que, ante la discusión de los discípulos de quién sería el más importante, Jesús pone a un niño frente a ellos, y les dice: “El más pequeño de vosotros es el más importante”. A menudo se insiste en que Jesús toma a un niño como símbolo de la inocencia o la candidez que ha de tener todo seguidor suyo. Quizá incluso podría señalarse su sencillez o su capacidad de asombro. Pero la realidad “tomando a un niño” se refiere a otra cuestión. Jesús pone ante ellos a un niño como símbolo, por un lado, de insignificancia. Y esto lo vemos claro en el pasaje de la multiplicación de los panes: “Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños”. O sea, que los niños no contaban. Eran, en aquel tiempo, lo más pequeño y vulnerable. Pero es que, por otro lado, un niño es símbolo de la dependencia absoluta de su padre. Un niño sabe que solo no puede, que todo lo ha de recibir de su padre. Pues así habrán de ser los seguidores de Jesús. Pasarán por servidores insignificantes, pero en esa humildad y servicialidad encontrarán la grandeza y la fuerza de Dios. Y sabrán, además, que lo primero no son sus cualidades, ni sus méritos, ni su fuerza, sino que todo lo habrán de recibir del buen Padre Dios.

¿Te consideras débil y pequeño o tienes un ego importante? ¿Eres humilde? ¿Crees de verdad que todo lo que tienes lo has recibido de Dios? ¿Le das gracias y reconoces que sin él no serías nada?

En tercer lugar, está esa otra escena. Los discípulos se indignan porque ven a uno que no es de su grupo y que está expulsando demonios en nombre de Jesús. Incluso tratan de prohibírselo. Jesús, sin embargo, dice: “No se lo impidáis. El que no está contra vosotros, está a favor vuestro”. Cuántas veces nosotros somos también excluyentes, celosos hasta de las cosas de Dios, como si la salvación y los bienes de Dios fueran solo para nosotros, de aquellos que somos, entre comillas, “fieles”. No te engañes. Hay semillas de verdad en todas partes. Dios actúa incluso más allá de los límites visibles de la Iglesia católica. Y la tarea de sanar y de anunciar el Evangelio no es cosa exclusiva de obispos, de curas, de religiosos, ni siquiera solo de católicos. Todos estamos llamados a beber de la fuente de Cristo y todos estamos llamados a anunciarle.

¿Eres celoso tú también de las cosas de Dios? ¿Favoreces tú el encuentro de todos con Dios o, más bien, crees que Dios es solo tuyo, de los tuyos, de los buenos? Nada de excusas. ¿Anuncias tú también el Evangelio o te conformas con orar o ir a misa?

ORACIÓN

Hoy, a propósito de este evangelio, puedes decirle al Señor con Carlos de Foucauld: “Pongo mi vida en tus manos, Señor, soy tu pequeño”. O puedes decirle también: “Hazme humilde y servidor. Elimina de mi vida el afán por ser importante y reconocido. Dame fuerza para servir. Y hazme apóstol de tu palabra, para llevarte a todos tus hijos, sobre todo a aquellos que se encuentran de ti más lejos o necesitados. Porque tú, Señor, quieres llegar, sea como sea, a cada corazón”.

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