
Evangelio del día 5 enero 2026 (Natanael dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios)
5 enero - Tiempo de Navidad antes de Epifanía
EVANGELIO (Juan 1, 43-51)
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme». Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret». Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe le contestó: «Ven y verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?». Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
Hoy, día 5 de enero, el evangelio nos ofrece un texto vocacional. Jesús llama a Felipe para que le siga. Y éste, lleno de alegría, corre a compartir este encuentro maravilloso con Natanael, también llamado Bartolomé, que acabará haciendo ante Jesús una confesión maravillosa: “Tú eres el Hijo de Dios”. Cuando apenas estamos comenzando el año, puedes renovar tu vocación, la llamada que Jesús te ha hecho. Siéntete afortunado y dile de corazón: “Tú, Jesús, eres el Hijo de Dios, mi Señor, el motor de mi vida, mi centro, mi razón, todo mi sentido”.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto del evangelio de Juan, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero que te fijes en un triple detalle. Uno, que los discípulos son unos buscadores. No se quedan parados. No esperan a que las cosas les caigan del cielo o les salgan sin más a su encuentro. Están en camino, en búsqueda activa. Y no buscan éxitos, fama o dinero, como la gente corriente, sino la Verdad con mayúscula. Y así, describirán el encuentro con Jesús como un hallazgo. Dice nuestro texto: “Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado”. Efectivamente, Jesús dirá en otro texto: “Buscad y encontraréis”. El segundo detalle es la alegría desbordante que desprenden esas palabras de los discípulos: “¡Lo hemos encontrado, hemos hallado al Mesías esperado!”. Tan grande es su alegría que no pueden callárselo y por eso lo comparten con los demás. La alegría siempre tiende a comunicarse. El tercer detalle es el siguiente: que no es Jesús el que llama directamente a Natanael, sino que lo hace por medio de Felipe; solo después se encontrará personalmente con él. Por tanto, Dios utiliza mediaciones para llegar a nosotros, para llamarnos, para hacerse el encontradizo: personas, circunstancias, guiños…
Pregúntate: ¿estás tú en búsqueda? ¿Sientes esa alegría de haberte encontrado con Jesús? ¿Compartes con otros la alegría de la fe?
En segundo lugar, quiero fijarme en la reacción de Natanael. Felipe le comenta que ha encontrado al Mesías y Natanael le contesta con un fuerte prejuicio: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Según las expectativas judías, el Mesías no podía venir de un lugar tan oscuro como Nazaret, que tenía un contacto estrecho con paganos y donde había un gran número de exaltados, de revolucionarios. Aunque es cierto que Jesús había nacido en Belén, lugar donde habría de nacer el Mesías según el profeta Miqueas, en esa respuesta de Natanael hay algo importante: que Dios siempre sorprende manifestándose allí donde no lo esperamos. Él siempre trastoca nuestras expectativas. Pero más importante aún en esta reacción de Natanael es la siguiente respuesta de Felipe: “Ven y verás”. Las palabras son importantes, pero la fe cristiana necesita de la experiencia, del encuentro con Jesús, de una relación íntima y profunda con él. “Ven y verás”.
¿Te vas a dejar sorprender por Dios que te busca y te llama? ¿Tienes una experiencia profunda de encuentro con Jesús o aún vives de lo que otros te han contado?
En tercer lugar, quiero fijarme en el encuentro de Natanael con Jesús. El texto nos dice que, cuando ve el Señor acercarse a Natanael, exclama: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Cristo muestra así una gran estima y admiración por la franqueza de este hombre, en quien no hay doblez ni engaño. Resuenan ahí las palabras del Salmo 31: “Dichoso el hombre en cuyo espíritu no hay engaño”. Natanael le contestará: “¿De qué me conoces?”. Jesús le responde: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. No está claro a qué se refiere Jesús. Cierto que era costumbre judía meditar la Escritura a la sombra de un árbol. Y podemos pensar que quizá Natanael estaba leyendo y meditando algún texto que le habría hablado de Jesús y de su encuentro con él. Sea como sea, Jesús manifiesta aquí su capacidad de introspección. Como dice el evangelista Juan en otro lugar, “él sabe lo que hay en el corazón de cada hombre”. Y lo cierto es que Natanael, prejuicioso y reticente al inicio, se siente ahora profundamente conocido, tocado, comprendido, amado. Y responde con una confesión de fe preciosa: “Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Y a partir de ese encuentro seguirá al Señor de corazón, dejándolo todo, hasta dar la vida por él, hasta el martirio. Todavía queda esa respuesta de Jesús, que le dice: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Es una clara alusión a ese pasaje del libro del Génesis en que Jacob, durante un sueño, ve una escalinata apoyada en la tierra, que con la cima toca el cielo y por la que ángeles de Dios suben y bajan. Con esto, Jesús está diciendo que él es el nuevo Jacob, el nuevo Israel, que él es esa escalera por la que podemos nosotros subir a Dios. Pero, además, que tras la confesión de Natanael le diga Jesús “has de ver cosas mayores”, nos muestra que cuando creemos podemos ver cosas mayores, cosas maravillosas.
Pregúntate: ¿eres tú, como Natanael, una persona sin doblez o hay en ti hipocresía? ¿Te sientes tocado y amado por Jesús? ¿Has experimentado que creyendo en él ves cosas maravillosas?
CONCLUSIÓN
Pues que este evangelio sea una oportunidad para que renueves tu encuentro con Jesús, tu alegría de haberte dejado encontrar por él, y tu llamada a ser testigo suyo hasta el final.
ORACIÓN
Señor Jesús, gracias por todas las personas a través de las cuales me has llamado y te has acercado a mí. Disipa de mi ser prejuicios, miedos, egoísmos. Dame tu gracia para que te siga de cerca, para que dé testimonio de ti con generosidad y valentía.