
Evangelio del día 29 julio 2025 (Santos Marta, María y Lázaro)
Evangelio y Reflexión
EVANGELIO (Lucas 10, 38-42)
En aquel tiempo, yendo de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas».
Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
Hoy, día 29 de julio, la Iglesia celebra la memoria de Santa Marta, hermana de María y Lázaro, indiscutibles amigos de Jesús que vivían en la aldea de Betania, cerca de Jerusalén. En su casa se hospeda Jesús en diversas ocasiones. Y no cabe duda de que allí, durante su ministerio en Judea, encontraba el calor de la acogida y la amistad. María de Betania fue, no solo una amiga de Jesús, sino su seguidora, su discípula. Ella fue también testigo de un milagro increíble de Jesús: la resurrección de su hermano Lázaro.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de esta memoria de Santa Marta de Betania, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero centrarme en esas primeras palabras del evangelio de hoy: “Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa”. Era hermana de María y de Lázaro. Y, a propósito de ellos, el evangelista Juan nos dice: “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro”. Eran sus amigos, con los que tenía una gran intimidad. Marta, en este sentido, es todo un modelo de aquello que está llamada a ser la vida cristiana: que acojas Jesús en tu casa, en tu vida, en tu corazón; más aún, que establezcas una relación de amistad con él, que le ames y te dejes amar por él. Recordemos una vez más esas preciosas palabras del papa emérito Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas est: “No se comienza a ser cristiano por una gran idea o una decisión ética, sino por el encuentro con una persona, con Jesús”. La vida cristiana, por tanto, no es una idea filosófica, un conjunto de ritos o un culto más o menos elaborado, sino una relación de amistad con Jesús. Y, además, vemos que esa acogida y amistad de Marta con Jesús, la lleva a confiar plenamente en él, la conduce a una profesión de fe maravillosa, como nos cuenta el evangelista Juan en el pasaje de la resurrección de su hermano Lázaro. Le dice Marta a Jesús: “Sé que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo concederá. Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Por tanto, la amistad con Jesús, conocerle más y más, dejarte amar por él, te llevará a confiar plenamente en él y a una confesión auténtica de fe, a un decirle: “Tú eres mi Señor, mi centro, mi vida, mi todo”.
Pregúntate ahora: ¿cómo es tu relación con Jesús? ¿Es demasiado formal, fría, vacía? ¿O es personal, cercana, íntima, una relación de amistad auténtica?
En segundo lugar, quiero detenerme en esa preciosa escena del evangelio de hoy. Con Jesús en casa, Marta anda afanosa preparando cosas, mientras su hermana está a los pies del Señor escuchándole. Marta se queja a Jesús: “¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano”. Pero la respuesta de Jesús es sorprendente: “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada”. Jesús valora la acogida de Marta, pero apunta algo que es aún más importante que eso: la escucha de su Palabra, la vida interior, la espiritualidad, la contemplación. En muchas ocasiones, personas creyentes se desgastan en los quehaceres y se van olvidando del encuentro con Jesús; la escucha de la Palabra del Señor va siendo en ellos cada vez menor. Y entonces es cuando surge la queja, el agobio, los lamentos e, incluso, se cuelan búsquedas de protagonismos y afán de sobresalir. Hoy Jesús nos recuerda que el verdadero servicio cristiano (si quiere ser eso, cristiano) ha de nacer del encuentro con él. Esa actividad, ese servicio, ha de estar alimentado en la fuente de la oración. Este es el trabajo que dará verdaderamente fruto. Si tú haces muchas cosas en tu comunidad cristiana, si eres catequista, religioso, sacerdote, padre de familia y ves que descuidas tu oración, escucha estas palabras que, como a Marta, te dirige Jesús hoy a ti: “Andas inquieto y preocupado con muchas cosas, pero solo una es necesaria”.
Pregúntate: ¿cómo vives tu fe y tu compromiso cristiano? ¿Estás demasiado lleno de quehaceres y de activismo que, en el fondo, te vacían de Jesús, o nutres esa actividad desde una experiencia de encuentro y de amistad con él?
En tercer lugar, quiero detenerme ahora en la importancia de esta laboriosidad de Marta. Es cierto que Jesús llama la atención sobre la primacía de la oración y la contemplación, pero estas han de llevarnos siempre al trabajo concreto y generoso, al servicio y a la entrega. La contemplación y la acción son, así, los dos pilares de la vida cristiana. Si solo hubiera en ti contemplación, tu testimonio sería realmente pobre. De hecho, es lamentable ver a personas de Iglesia que son poco trabajadoras o que solo desempeñan trabajos finos. Quizá haya que recordar aquí esas palabras de san Pablo: “El que no trabaje, que no coma«; o esa regla benedictina de “Ora et labora” (es decir, reza y trabaja); o el ejemplo abundantísimo de todos esos santos (santa Teresa, san Juan de la Cruz, san Juan Bosco, san Alfonso María de Ligorio, santa Teresa de Calcuta…), que tuvieron una espiritualidad increíble pero que, al mismo tiempo, trabajaron incansablemente, hasta la extenuación en lo concreto del día a día. Por tanto, oración y acción no son incompatibles, sino complementarios, si bien, como hemos dicho, la acción cristiana estará siempre precedida del encuentro con el Señor en la oración.
Pregúntate: ¿eres un ejemplo cristiano de trabajo, de compromiso y de entrega, o eres vago, perezoso, fino, holgazán?
CONCLUSIÓN
Pues que, en esta memoria de Marta de Betania, amiga del Señor, afiances tu amistad con Jesús, así como la escucha de su Palabra y, también, el servicio intenso y concreto a tus hermanos.
ORACIÓN
Señor Jesús, a menudo mi vida está llena de activismo y, en medio de tantas cosas, me olvido de lo importante: tener un trato familiar contigo en la oración. Por eso hoy te pido que mi vida esté llena de trabajo y compromiso en tu nombre, pero siempre alimentados en una rica vida interior, en una intensa vida de oración.