Evangelio del día 4 enero 2026 (El mundo no lo conoció)

2º Domingo después de Navidad

EVANGELIO (Juan 1, 1-18)

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

«El mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron».

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

REFLEXIÓN

INTRODUCCIÓN

Este domingo segundo después de Navidad nos ofrece un texto que ya hemos escuchado en este tiempo: esas primeras líneas del evangelio de Juan, que te recuerdan, para que se grabe a fuego en tu corazón, que Jesús es el Hijo de Dios, el Verbo, la Palabra que estaba junto a Dios y que, por amor, se ha hecho carne y ha habitado en medio de nosotros. Él es el Hijo único de Dios (el Unigénito), lleno de gracia y de verdad.

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS

A propósito de este texto del evangelio de Juan, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:

En primer lugar, quiero fijarme en un detalle de este texto. Nos dice el evangelio que “por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho”. Dios ha creado todo cuanto existe por medio de su Palabra, es decir, por medio de su Hijo. Toda la creación, por tanto, está llena del Hijo. Tú mismo eres imagen y semejanza de Dios. Decía San Justino que toda la realidad está llena de estas semillas del Verbo. Dios, como un sembrador, habría llenado todo de la sabiduría, belleza y verdad de este Hijo por el cual ha creado todo. Todo cuanto existe habla de él. ¿No es maravilloso que este Hijo de Dios, lleno de poder y de gloria, de la misma naturaleza del Padre, esté también lleno de poder, de amor y ternura, tanto como para encarnarse?

¿Reconoces estas semillas de Dios en cada cosa?

En segundo lugar, quiero detenerme ahora en un detalle dramático. Es muy triste que, siendo verdad que en el Hijo hayan sido creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, que todo haya sido creado por él y para él, se haga uno de nosotros y nos diga el texto de hoy: “El mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron”. El Hijo de Dios no ha sido acogido con los brazos abiertos, sino rechazado. Toda la historia de Jesús es una historia de precariedad, de indigencia, de rechazo, de persecución y de muerte.

Piensa ahora en ti. Tú que has sido creado también por Dios, a imagen y semejanza suya, ¿acoges a Jesús en tu vida o encuentra también rechazo en ti?

Acógelo sin dudar, como un hijo amado de Dios. Te lo dice hoy el texto: “A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios”. De su plenitud recibirás gracia tras gracia.

En tercer lugar, quiero fijarme en la última parte de este texto: “La ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo”. El pueblo de Dios, por medio de Moisés, recibió del Señor una ley, un modo de relacionarse adecuadamente con él. Pero esto es insuficiente. Es más, dirá San Pablo que la ley sólo engendró conciencia de pecado. En Jesús se nos ha dado algo infinitamente mayor y mejor. No una ley, unas normas, unas palabras, un modo de vivir. Jesús nos ha traído al mismo Dios, su gracia y su verdad. No hay nada mayor que Jesús y nada vendrá mayor que él. Termina el texto diciendo: “A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”. Dicho de otro modo, Jesús te ha revelado a Dios, el misterio de Dios ha quedado resuelto en Jesús.

¿Crees en el Dios de Jesucristo, en el Dios vivo y verdadero, amoroso, paciente y tierno que él te revela?

CONCLUSIÓN

Pues que este evangelio te lleve a reconocer la presencia de Dios en todas las cosas, a recibirle de verdad en tu vida, a acogerle con fe, esperanza y amor, y a emocionarte con el descubrimiento de un Dios que es maravillosamente increíble.

ORACIÓN

Dios, Padre bueno, nunca dejas de sorprender a tus hijos. Porque tu amor es infinito, porque te has comprometido hasta el final, porque nos haces partícipes de tu felicidad infinita, gracias, Señor.

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