
Evangelio del día 10 agosto 2026 (San Lorenzo, diácono y mártir)
10 agosto - San Lorenzo, diácono y mártir
EVANGELIO (Juan 12, 24-26)
En aquel tiempo, dijo Jesús: «En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna.
«El que se ama a sí mismo, se pierde».
El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
Hoy, día 10 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir. De origen español, este mártir del siglo III es un modelo precioso para nosotros de fidelidad e incondicionalidad a la Iglesia, de servicio a los pobres y de amor a Cristo hasta la muerte.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este fiesta de san Lorenzo, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, quiero fijarme brevemente en la figura de San Lorenzo. Ciertamente este santo del siglo III era de origen español, aunque no es claro si nació en Huesca o en Valencia. Cuando Sixto II fue nombrado papa, Lorenzo fue ordenado diácono y encargado de administrar los bienes de la Iglesia, así como del cuidado de los pobres. El emperador Valeriano, que llevó a cabo una feroz persecución de los cristianos, ordenó que Lorenzo fuese martirizado, solo cuatro días después del martirio del papa Sixto. Fue martirizado en una parrilla el 10 de agosto del año 258. Por eso, normalmente se le representa así: con la dalmática de diácono, la palma de mártir y una parrilla. Aunque podrían decirse muchas cosas de este gran santo, quiero fijarme en esa palabra “mártir”. Mártir significa “testigo”. Y, como dijo el Señor, no hay mayor testimonio, mayor amor, que dar la vida por los amigos. San Lorenzo no quiso retener la vida para sí. Su fe, su fidelidad a Dios y su confianza en él fue tan grande que estuvo dispuesto a perder la vida por ser testigo de la fe, de Cristo Jesús, y hacerlo hasta el final. Gracias a ello, dio mucho fruto, porque, como se dice comúnmente, “la sangre de los mártires es semilla de nuevos crstianos”. También lo dice el evangelio de hoy: “Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”, “el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guarda para la vida eterna”.
Pregúntate: ¿eres tú también testigo de Jesús en tu día a día, aunque a veces tengas que soportar malas caras, rechazo, vergüenza o burlas?
En segundo lugar, he anticipado que San Lorenzo era diácono, más aún, archidiácono de la Iglesia de Roma. Hoy la palabra diácono tiene un sentido esencialmente ministerial o litúrgico, muy vinculado al sacerdocio. Aunque hay diáconos permanentes, muchos de ellos casados, la mayoría son jóvenes que han sido ordenados diáconos para, unos meses después, recibir la ordenación sacerdotal. Ahí puede verse que el diácono está vinculado a la liturgia, al servicio a la Palabra y a la Eucaristía, pero puede decirse que así queda algo ensombrecido uno de sus sentidos esenciales. Nos dicen los Hechos de los Apóstoles que el ministerio del diácono fue establecido para el servicio diario de los más pobres: huérfanos y viudas. De hecho, la palabra “diácono” significa “servidor”. Por eso, la vocación diaconal está orientada al servicio a los hermanos y, particularmente, a los pobres. Y, en este sentido, toda vida cristiana es diaconal. Tú también estás llamado a ser servidor de tus hermanos, como Jesús, que dice de sí mismo: “Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve”.
Pregúntate: ¿eres tú un servidor de tus hermanos? ¿Cómo lo llevas a cabo concretamente?
En tercer lugar, como he dicho en el punto anterior, la vocación diaconal, y particularmente la de san Lorenzo, estaba orientada al servicio de los pobres. De hecho, cuenta la tradición que, habiendo sido martirizado el papa Sixto, el prefecto de Roma llamó a San Lorenzo y le ordenó que le entregara las riquezas de la Iglesia. Lorenzo le solicitó tres días para poder recolectarlas y, durante ese tiempo, fue llamando a todos esos pobres, lisiados, huérfanos, mendigos, viudas, ancianos, ciegos y leprosos a los que la Iglesia asistía. Y, al tercer día, compareció ante el prefecto con ellos y se los presentó con estas palabras: “Aquí tienes los tesoros de la Iglesia”. Un gesto tan precioso y profético que, además, le costó una muerte terrible y lenta como la que padeció en la parrilla. Pero quiero detenerme en estas palabras: “El tesoro de la Iglesia son los pobres”. El Señor Jesús, por activa y por pasiva, nos lo ha recordado en el evangelio, incluso identificándose completamente con ellos: “Cada vez que hicisteis algo por uno de estos hermanos míos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
Medita ahora: ¿qué haces tú por los pobres? ¿Tienen algún lugar en tu vida personal, más aún, en tu vida de fe?
CONCLUSIÓN
Pues que esta fiesta no solo te lleve a admirarte de la fidelidad y valentía del mártir san Lorenzo, sino a ser tú mismo, como él, un servidor de los pobres y un testigo fiel de Cristo dispuesto a darlo todo hasta el final.
ORACIÓN
Señor Jesús, cuando veo el testimonio enorme de un santo como san Lorenzo mártir, veo lo débil y pobre que es mi compromiso, también lo cobarde que soy para confesar tu nombre. Hoy te pido que me des tu fortaleza. Dame tu gracia para que sea testigo tuyo, para que esté dispuesto por ti a soportar rechazos, burlas e, incluso, persecución.