
Evangelio del día 8 octubre 2025 (Cuando oréis, decid: Padre)
Miércoles de la 27ª Semana del Tiempo Ordinario
EVANGELIO (Lucas 11, 1-4)
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid:
«Cuando oréis, decid: Padre».
“Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».
REFLEXIÓN
INTRODUCCIÓN
El evangelio de hoy nos presenta una iniciativa sorprendente de un discípulo: “Señor, enséñanos a orar”. En realidad, le está diciendo: “Dinos cómo rezas tú, cómo tratas a Dios, qué le dices, Jesús”. Y Jesús nos regala la oración más bella y más conocida de la historia: el padrenuestro.
REFLEXIÓN Y PREGUNTAS
A propósito de este texto que acabamos de escuchar, y aunque podrían resaltarse mil detalles, me gustaría compartir contigo tres reflexiones:
En primer lugar, que cuando Jesús enseña a sus discípulos a orar, no está dándoles una fórmula sin más para ellos, y, ni por asomo, una especie de hechizo mágico para conseguir algo de Dios. Todo lo contrario. Jesús les transmite con estas palabras tan sencillas su misma experiencia de oración, su trato con Dios. Con el Padrenuestro accedemos al corazón de Jesús en su trato íntimo y familiar con Dios. Y lo comparte con nosotros porque somos nosotros también hijos de Dios, llamados a compartir su misma oración y también llamados a tener el mismo trato que él con el Dios Padre bueno.
En segundo lugar, quiero destacar la palabra fundamental del padrenuestro: Padre, “abbá” en el arameo original de Jesús. Una palabra parecida a nuestro “papá” que balbucea el niño en sus primeros intentos. En definitiva, una forma increíblemente cariñosa de expresarse. Nunca antes de Jesús ningún ser humano se había atrevido a llamar a Dios directamente ‘papá’. ¿Qué clase de Dios es este que, habiendo creado los cielos y la tierra, lleno de omnipotencia y omnisciencia, deja que sus criaturas le llamen papá? Es una verdadera revolución la de Jesús. Nuestro Dios es un Dios increíblemente cercano, cariñoso, tierno, cercano, con un corazón enorme. Si nosotros tenemos capacidad de amor, de ternura y de cariño, Dios es eso mismo llevado al extremo. Jesús nos revela así al Dios verdadero, retira de Dios el velo que lo cubría, lo revela. Dios se ha “desnudado” ante nosotros, ha aparecido ante nosotros y nos ha mostrado su verdadero ser: un Dios loco de amor, tierno hasta el extremo, siempre dispuesto a escucharnos y que, como nos dice el libro de los Proverbios, nos confiesa a cada momento: “Mis delicias están con los hijos de los hombres” o, dicho de otro modo, “me encanta estar contigo, hijo mío”.
Aunque podría detenerme en nuestras peticiones incluidas en el padrenuestro (“danos cada día nuestro pan cotidiano”, “perdónanos nuestros pecados”, “no nos dejes caer en tentación”), en tercer lugar me gustaría detenerme en este “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino”. La clave de nuestra oración es pedirle al Padre que venga su reino a nosotros, que se haga su voluntad siempre, que su nombre sea santificado. Y Dios es santificado cuando reina entre nosotros la paz, cuando ve a sus hijos amarse a fondo perdido.
CONCLUSIÓN
Ojalá que el evangelio de hoy, con estas sencillas reflexiones, nos lleve a rezar el padrenuestro con más corazón, y a unirnos cada vez más a este Padre tierno y maravilloso. Y que su amor y ternura maravillosos rebosen en nosotros hacia nuestros hermanos.