Para reflexionar

¿Te crees el mejor?

En el servicio está la grandeza

En distintas ocasiones nos presenta el Evangelio a los discípulos discutiendo por el camino quién es el más importante. Algo completamente opuesto a lo que el Señor les ha intentado transmitir en mil ocasiones y de mil modos: «el que quiera ser primero, sea último y servidor de todos», «quien se enaltece será humillado y quien se humilla será enaltecido», «muchos últimos serán primeros», «vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros», etc.

¿Te cuesta también a ti hacer vida las palabras de Jesús?

¿Se te cuela muchas veces el afán de ser importante, incluso de creerte mejor que los demás?

¿O haces un verdadero esfuerzo por servir a fondo perdido, incluso por pasar desapercibido?

Ante la discusión de los discípulos de quién es el más importante, Jesús pone a un niño frente a ellos: «el más pequeño vosotros es el más importante», les dirá.

A menudo se insiste en que Jesús toma a un niño como símbolo de la inocencia, candidez, sencillez o capacidad de asombro que habría de tener todo seguidor suyo.

Pero la realidad se refiere a otra cuestión. Jesús pone ante ellos a un niño como símbolo, por un lado, de insignificancia. En el famoso milagro de la multiplicación de las panes se nos dice: «Comieron unos 5000 hombres, sin contar mujeres y niños». O sea, que los niños ni siquiera contaban, eran lo más pequeño y vulnerable.

Por otro lado, un niño es símbolo de la dependencia absoluta de su padre: un niño sabe que solo no puede, que todo lo ha de recibir de su padre.

Así tienen que ser los seguidores de Jesús, así tienes que ser tú: pasarás por servidor e insignificante. Y en esa humildad y servicialidad encontrarás la grandeza y la fuerza de Dios; y sabrás además que lo primero no son tus cualidades, ni tus méritos ni tu fuerza, sino que todo lo has recibido gratis del buen Padre Dios, que dependes de él y de su amor completamente.

¿Te consideras débil y pequeño o tienes un ego importante?

¿Eres humilde, crees de verdad que todo lo que tienes lo has recibido de Dios?

¿Le das gracias y reconoces que sin él no serías nada?

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